CHILEAN BURGER KINGDOM.pdf


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Muchas parejas de clase baja que deciden casarse en los ’80 y comienzos de los ’90, arman una pieza básica en los patios traseros de la casa
de sus padres o simplemente deben acomodarse dentro de esos mismos
hogares parentales, viviendo como allegados. Tener una casa propia es
un lujo, ya que los bajos sueldos están hechos para propiciar el negocio del crédito, principal alimentador del capital, así que el dinero sólo
alcanza para lo justo: cuentas, comida y transporte público. La gente
que tiene refrigerador puede comprar carne de pollo y vacuno, un lujo
en tiempos de dictadura, pero también debe mantener la costumbre de
comprar en el almacén del barrio, harina, azúcar y aceite, por cantidades menores a medio kilo para ahorrar dinero.
Durante los ’80, Víctor, como la gran mayoría de la población, vive una
época de carencia y humildad sometida, mientras se obliga a ver en el
Canal Católico de Televisión vidas de chilenos acomodados a través
de teleseries y existencias de ensueño, en donde se muestra gente con
telefonía fija, que viaja a otros países en avión y se transporta en un vehículo propio nuevo. A través de la Televisión de esa época, se inculca
principalmente cultura estadounidense, instalándola en la mente de la
mayoría de los televidentes como una aspiración cultural a tener en
cuenta, que ideologiza y adoctrina sus mentes en ese entonces y hasta el
día de hoy. En los ’90, la clase trabajadora comienza a tener más acceso
a bienes, que no a lujos, pero erróneamente se percibe una mayor libertad para vivir una vida más “normal”, sin captar la sutil ironía de que la
esclavitud a la deuda, constituye la devolución al capital de aquello que
reciben como sueldo, esa brutal ilusión de que algo les pertenece. Esclavos no sólo incapaces de enterarse de su condición, sino que además
sus programados cerebros creen estar viviendo “la vida correcta” que
todo el entorno del capital les inculca como cierto, tanto en metas como
en resignación.

“Que nunca jamás tu sueldo alcance para comprar al contado”, es el
lema sempiterno del capital. Que todos los demás carguemos deudas
e intereses por el resto de nuestras putas vidas, es el sostén de su puto
bienestar.
En cierto momento, los muchachos del barrio que con tanto ahínco estimularon el paladar metalero de Víctor, olvidan esa tendencia musical
como quien abandona una moda, pero él continúa asistiendo solitariamente a conciertos y tiendas underground para comprar música y re29