EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de
Dios, a frecuentar el sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a
incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la
justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de
penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia
rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los
sostenga en la fe y en la esperanza.
La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis
de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez.
Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de
vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia,
significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se
admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y
confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del
matrimonio.
La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al
sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de
haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente
dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del
matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer,
por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden
cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena
continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos»​[180]​.
Del mismo modo el respeto debido al sacramento del matrimonio, a los mismos
esposos y sus familiares, así como a la comunidad de los fieles, prohíbe a todo
pastor —por cualquier motivo o pretexto incluso pastoral— efectuar ceremonias
de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales
ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias
sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la
indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído.
Actuando de este modo, la Iglesia profesa la propia fidelidad a Cristo y a su
verdad; al mismo tiempo se comporta con espíritu materno hacia estos hijos
suyos, especialmente hacia aquellos que inculpablemente han sido abandonados
por su cónyuge legítimo.
La Iglesia está firmemente convencida de que también quienes se han alejado
del mandato del Señor y viven en tal situación pueden obtener de Dios la gracia
de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y
en la caridad.
Los privados de familia
85. Deseo añadir una palabra en favor de una categoría de personas que, por la
situación concreta en la que viven —a menudo no por voluntad deliberada—
considero especialmente cercanas al Corazón de Cristo, dignas del afecto y
solicitud activa de la Iglesia, así como de los pastores.
Hay en el mundo muchas personas que desgraciadamente no tienen en absoluto
lo que con propiedad se llama una familia. Grandes sectores de la humanidad
viven en condiciones de enorme pobreza, donde la promiscuidad, la falta de