EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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condicionamientos debidos a situaciones de verdadera injusticia, o también por
una cierta inmadurez psicológica que les hace sentir la incertidumbre o el temor
de atarse con un vínculo estable y definitivo. En algunos países las costumbres
tradicionales prevén el matrimonio verdadero y propio solamente después de un
período de cohabitación y después del nacimiento del primer hijo.
Cada uno de estos elementos pone a la Iglesia serios problemas pastorales, por
las graves consecuencias religiosas y morales que de ellos derivan (pérdida del
sentido religioso del matrimonio visto a la luz de la Alianza de Dios con su
pueblo, privación de la gracia del sacramento, grave escándalo), así como
también por las consecuencias sociales (destrucción del concepto de familia,
atenuación del sentido de fidelidad incluso hacia la sociedad, posibles traumas
psicológicos en los hijos y afirmación del egoísmo).
Los pastores y la comunidad eclesial se preocuparán por conocer tales
situaciones y sus causas concretas, caso por caso; se acercarán a los que
conviven, con discreción y respeto; se empeñarán en una acción de iluminación
paciente, de corrección caritativa y de testimonio familiar cristiano que pueda
allanarles el camino hacia la regularización de su situación. Pero, sobre todo,
adelántense enseñándoles a cultivar el sentido de la fidelidad en la educación
moral y religiosa de los jóvenes; instruyéndoles sobre las condiciones y
estructuras que favorecen tal fidelidad, sin la cual no se da verdadera libertad;
ayudándoles a madurar espiritualmente y haciéndoles comprender la rica
realidad humana y sobrenatural del matrimonio-sacramento.
El pueblo de Dios se esfuerce también ante las autoridades públicas para que
—resistiendo a las tendencias disgregadoras de la misma sociedad y nocivas
para la dignidad, seguridad y bienestar de los ciudadanos— procuren que la
opinión pública no sea llevada a menospreciar la importancia institucional del
matrimonio y de la familia. Y dado que en muchas regiones, a causa de la
extrema pobreza derivada de unas estructuras socio-económicas injustas o
inadecuadas, los jóvenes no están en condiciones de casarse como conviene, la
sociedad y las autoridades públicas favorezcan el matrimonio legítimo a través
de una serie de intervenciones sociales y políticas, garantizando el salario
familiar, emanando disposiciones para una vivienda apta a la vida familiar y
creando posibilidades adecuadas de trabajo y de vida.
c) ​Católicos unidos con mero matrimonio civil
82. Es cada vez más frecuente el caso de católicos que, por motivos ideológicos
y prácticos, prefieren contraer sólo matrimonio civil, rechazando o, por lo
menos, diferiendo el religioso. Su situación no puede equipararse sin más a la de
los que conviven sin vínculo alguno, ya que hay en ellos al menos un cierto
compromiso a un estado de vida concreto y quizá estable, aunque a veces no es
extraña a esta situación la perspectiva de un eventual divorcio. Buscando el
reconocimiento público del vínculo por parte del Estado, tales parejas
demuestran una disposición a asumir, junto con las ventajas, también las
obligaciones. A pesar de todo, tampoco esta situación es aceptable para la
Iglesia. La acción pastoral tratará de hacer comprender la necesidad de
coherencia entre la elección de vida y la fe que se profesa, e intentará hacer lo
posible para convencer a estas personas a regular su propia situación a la luz de