EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


Vista previa del archivo PDF exhortacin-apostlica-familiaris-consortio-1.pdf


Página 1...56 57 58596071

Vista previa de texto


Hay que tener presentes las particulares dificultades inherentes a las relaciones
entre marido y mujer, en lo referente al respeto de la libertad religiosa; ésta
puede ser violada tanto por presiones indebidas para lograr el cambio de las
convicciones religiosas de la otra parte, como por impedimentos puestos a la
manifestación libre de las mismas en la práctica religiosa.
En lo referente a la forma litúrgica y canónica del matrimonio, los Ordinarios
pueden hacer uso ampliamente de sus facultades por varios motivos.
Al tratar de estas exigencias especiales hay que poner atención en estos puntos:




en la preparación concreta a este tipo de matrimonio, debe realizarse todo
esfuerzo razonable para hacer comprender la doctrina católica sobre las
cualidades y exigencias del matrimonio, así como para asegurarse de que
en el futuro no se verifiquen las presiones y los obstáculos, de los que
antes se ha hablado.
es de suma importancia que, con el apoyo de la comunidad, la parte
católica sea fortalecida en su fe y ayudada positivamente a madurar en la
comprensión y en la práctica de la misma, de manera que llegue a ser
verdadero testigo creíble dentro de la familia, a través de la vida misma y
de la calidad del amor demostrado al otro cónyuge y a los hijos.

Los matrimonios entre católicos y otros bautizados presentan aun en su
particular fisonomía numerosos elementos que es necesario valorar y
desarrollar, tanto por su valor intrínseco, como por la aportación que pueden dar
al movimiento ecuménico. Esto es verdad sobre todo cuando los dos cónyuges
son fieles a sus deberes religiosos. El bautismo común y el dinamismo de la
gracia procuran a los esposos, en estos matrimonios, la base y las motivaciones
para compartir su unidad en la esfera de los valores morales y espirituales.
A tal fin, aun para poner en evidencia la importancia ecuménica de este
matrimonio mixto, vivido plenamente en la fe por los dos cónyuges cristianos, se
debe buscar —aunque esto no sea siempre fácil— una colaboración cordial entre
el ministro católico y el no católico, desde el tiempo de la preparación al
matrimonio y a la boda.
Respecto a la participación del cónyuge no católico en la comunión eucarística,
obsérvense las normas impartidas por el Secretariado para la Unión de los
Cristianos​[179]​.
En varias partes del mundo se asiste hoy al aumento del número de matrimonios
entre católicos y no bautizados. En muchos de ellos, el cónyuge no bautizado
profesa otra religión, y sus convicciones deben ser tratadas con respeto, de
acuerdo con los principios de la Declaración ​Nostra aetate​ del Concilio Ecuménico
Vaticano II sobre las relaciones con las religiones no cristianas; en no pocos
otros casos, especialmente en las sociedades secularizadas, la persona no
bautizada no profesa religión alguna. Para estos matrimonios es necesario que
las Conferencias Episcopales y cada uno de los obispos tomen adecuadas
medidas pastorales, encaminadas a garantizar la defensa de la fe del cónyuge
católico y la tutela del libre ejercicio de la misma, sobre todo en lo que se refiere
al deber de hacer todo lo posible para que los hijos sean bautizados y educados
católicamente. El cónyuge católico debe además ser ayudado con todos los