EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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discreción un contacto personal con estas familias. Los creyentes deben ser
fortalecidos en la fe y sostenidos en la vida cristiana. Aunque la parte fiel al
catolicismo no puede ceder, no obstante, hay que mantener siempre vivo el
diálogo con la otra parte. Deben multiplicarse las manifestaciones de amor y
respeto, con la viva esperanza de mantener firme la unidad. Mucho depende
también de las relaciones entre padres e hijos. Las ideologías extrañas a la fe
pueden estimular a los miembros creyentes de la familia a crecer en la fe y en el
testimonio de amor.
Otros momentos difíciles en los que la familia tiene necesidad de la ayuda de la
comunidad eclesial y de sus pastores pueden ser: la adolescencia inquieta,
contestadora y a veces problematizada de los hijos; su matrimonio que les
separa de la familia de origen; la incomprensión o la falta de amor por parte de
las personas más queridas; el abandono por parte del cónyuge o su pérdida, que
abre la dolorosa experiencia de la viudez, de la muerte de un familiar, que
mutila y transforma en profundidad el núcleo original de la familia.
Igualmente no puede ser descuidado por la Iglesia el período de la ancianidad,
con todos sus contenidos positivos y negativos: la posible profundización del
amor conyugal cada vez más purificado y ennoblecido por una larga e
ininterrumpida fidelidad; la disponibilidad a poner en favor de los demás, de
forma nueva, la bondad y la cordura acumulada y las energías que quedan; la
dura soledad, a menudo más psicológica y afectiva que física, por el eventual
abandono o por una insuficiente atención por parte de los hijos y de los
parientes; el sufrimiento a causa de enfermedad, por el progresivo decaimiento
de las fuerzas, por la humillación de tener que depender de otros, por la
amargura de sentirse como un peso para los suyos, por el acercarse de los
últimos momentos de la vida. Son éstas las ocasiones en las que —como han
sugerido los Padres Sinodales— más fácilmente se pueden hacer comprender y
vivir los aspectos elevados de la espiritualidad matrimonial y familiar, que se
inspiran en el valor de la cruz y resurrección de Cristo, fuente de santificación y
de profunda alegría en la vida diaria, en la perspectiva de las grandes realidades
escatológicas de la vita eterna.
En estas diversas situaciones no se descuide jamás la oración, fuente de luz y de
fuerza, y alimento de la esperanza cristiana.
Matrimonios mixtos
78. El número creciente de matrimonios entre católicos y otros bautizados
requiere también una peculiar atención pastoral a la luz de las orientaciones y
normas contenidas en los recientes documentos de la Santa Sede y en los
elaborados por las Conferencias Episcopales, para facilitar su aplicación concreta
en las diversas situaciones.
Las parejas que viven en matrimonio mixto presentan peculiares exigencias que
pueden reducirse a tres apartados principales.
Hay que considerar ante todo las obligaciones de la parte católica que derivan de
la fe, en lo concerniente al libre ejercicio de la misma y a la consecuente
obligación de procurar, según las propias posibilidades, bautizar y educar los
hijos en la fe católica[178].
