EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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su felicidad. Toda ofensa a los valores fundamentales de la familia —se trate de
erotismo o de violencia, de apología del divorcio o de actitudes antisociales por
parte de los jóvenes— es una ofensa al verdadero bien del hombre»​[176]​.
Yo mismo, en ocasión semejante, ponía de relieve que las familias «deben poder
contar en no pequeña medida con la buena voluntad, rectitud y sentido de
responsabilidad de los profesionales de los ​mass-media:​ editores, escritores,
productores, directores, dramaturgos, informadores, comentaristas y
actores»​[177]​. Por consiguiente, es justo que también por parte de la Iglesia se
siga dedicando toda atención a estas categorías de personas, animando y
sosteniendo al mismo tiempo a aquellos católicos que se sienten llamados y
tienen cualidades para trabajar en estos delicados sectores.
IV. - LA PASTORAL FAMILIAR EN LOS CASOS DIFÍCILES
Circunstancias particulares
77. Es necesario un empeño pastoral todavía más generoso, inteligente y
prudente, a ejemplo del Buen Pastor, hacia aquellas familias que —a menudo e
independientemente de la propia voluntad, o apremiados por otras exigencias de
distinta naturaleza— tienen que afrontar situaciones objetivamente difíciles.
A este respecto hay que llamar especialmente la atención sobre algunas
categorías particulares de personas, que tienen mayor necesidad no sólo de
asistencia, sino de una acción más incisiva ante la opinión pública y sobre todo
ante las estructuras culturales, profundas de sus dificultades.
Estas son, por ejemplo, las familias de los emigrantes por motivos laborales; las
familias de cuantos están obligados a largas ausencias, como los militares, los
navegantes, los viajeros de cualquier tipo; las familias de los presos, de los
prófugos y de los exiliados; las familias que en las grandes ciudades viven
prácticamente marginadas; las que no tienen casa; las incompletas o con uno
solo de los padres; las familias con hijos minusválidos o drogados; las familias
de alcoholizados; las desarraigadas de su ambiente cultural y social o en peligro
de perderlo; las discriminadas por motivos políticos o por otras razones; las
familias ideológicamente divididas; las que no consiguen tener fácilmente un
contacto con la parroquia; las que sufren violencia o tratos injustos a causa de la
propia fe; las formadas por esposos menores de edad; los ancianos, obligados
no raramente a vivir en soledad o sin adecuados medios de subsistencia.
Las familias de emigrantes​, especialmente tratándose de obreros y campesinos,
deben tener la posibilidad de encontrar siempre en la Iglesia su patria. Esta es
una tarea connatural a la Iglesia, dado que es signo de unidad en la diversidad.
En cuanto sea posible estén asistidos por sacerdotes de su mismo rito, cultura e
idioma. Corresponde igualmente a la Iglesia hacer una llamada a la conciencia
pública y a cuantos tienen autoridad en la vida social, económica y política, para
que los obreros encuentren trabajo en su propia región y patria, sean retribuidos
con un justo salario, las familias vuelvan a reunirse lo antes posible, sea tenida
en consideración su identidad cultural, sean tratadas igual que las otras, y a sus
hijos se les dé la oportunidad de la formación profesional y del ejercicio de la
profesión, así como de la posesión de la tierra necesaria para trabajar y vivir.
Un problema difícil es el de las familias ideológicamente divididas. En estos casos
se requiere una particular atención pastoral. Sobre todo hay que mantener con