EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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auténtico valor humano, tanto en las relaciones interpersonales como en las
sociales, con todo lo que significa para la formación del carácter, para el dominio
y recto uso de las propias inclinaciones, para el modo de considerar y encontrar
a las personas del otro sexo, etc. Se exige, además, especialmente para los
cristianos, una sólida formación espiritual y catequística, que sepa mostrar en el
matrimonio una verdadera vocación y misión, sin excluir la posibilidad del don
total de sí mismo a Dios en la vocación a la vida sacerdotal o religiosa.
Sobre esta base se programará después, en plan amplio, la preparación
próxima, la cual comporta —desde la edad oportuna y con una adecuada
catequesis, como en un camino catecumenal— una preparación más específica
para los sacramentos, como un nuevo descubrimiento. Esta nueva catequesis de
cuantos se preparan al matrimonio cristiano es absolutamente necesaria, a fin
de que el sacramento sea celebrado y vivido con las debidas disposiciones
morales y espirituales. La formación religiosa de los jóvenes deberá ser
integrada, en el momento oportuno y según las diversas exigencias concretas,
por una preparación a la vida en pareja que, presentando el matrimonio como
una relación interpersonal del hombre y de la mujer a desarrollarse
continuamente, estimule a profundizar en los problemas de la sexualidad
conyugal y de la paternidad responsable, con los conocimientos
médico-biológicos esenciales que están en conexión con ella y los encamine a la
familiaridad con rectos métodos de educación de los hijos, favoreciendo la
adquisición de los elementos de base para una ordenada conducción de la familia
(trabajo estable, suficiente disponibilidad financiera, sabia administración,
nociones de economía doméstica, etc.).
Finalmente, no se deberá descuidar la preparación al apostolado familiar, a la
fraternidad y colaboración con las demás familias, a la inserción activa en
grupos, asociaciones, movimientos e iniciativas que tienen como finalidad el bien
humano y cristiano de la familia.
La preparación inmediata a la celebración del sacramento del matrimonio debe
tener lugar en los últimos meses y semanas que preceden a las nupcias, como
para dar un nuevo significado, nuevo contenido y forma nueva al llamado
examen prematrimonial exigido por el derecho canónico. De todos modos,
siendo como es siempre necesaria, tal preparación se impone con mayor
urgencia para aquellos prometidos que presenten aún carencias y dificultades en
la doctrina y en la práctica cristiana.
Entre los elementos a comunicar en este camino de fe, análogo al
catecumenado, debe haber también un conocimiento serio del misterio de Cristo
y de la Iglesia, de los significados de gracia y responsabilidad del matrimonio
cristiano, así como la preparación para tomar parte activa y consciente en los
ritos de la liturgia nupcial.
A las distintas fases de la preparación matrimonial —descritas anteriormente
sólo a grandes rasgos indicativos— deben sentirse comprometidas la familia
cristiana y toda la comunidad eclesial. Es deseable que las Conferencias
Episcopales, al igual que están interesadas en oportunas iniciativas para ayudar
a los futuros esposos a que sean más conscientes de la seriedad de su elección y
los pastores de almas a que acepten las convenientes disposiciones, así también
