EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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en el cual la misma creación será liberada de la servidumbre de la corrupción
para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rom 8,
21)»[162].
Descubrir en cada hermano la imagen de Dios
64. Animada y sostenida por el mandamiento nuevo del amor, la familia cristiana
vive la acogida, el respeto, el servicio a cada hombre, considerado siempre en su
dignidad de persona y de hijo de Dios.
Esto debe realizarse ante todo en el interior y en beneficio de la pareja y la
familia, mediante el cotidiano empeño en promover una auténtica comunidad de
personas, fundada y alimentada por la comunión interior de amor. Ello debe
desarrollarse luego dentro del círculo más amplio de la comunidad eclesial en el
que la familia cristiana vive. Gracias a la caridad de la familia, la Iglesia puede y
debe asumir una dimensión más doméstica, es decir, más familiar, adoptando un
estilo de relaciones más humano y fraterno.
La caridad va más allá de los propios hermanos en la fe, ya que «cada hombre
es mi hermano»; en cada uno, sobre todo si es pobre, débil, si sufre o es tratado
injustamente, la caridad sabe descubrir el rostro de Cristo y un hermano a amar
y servir.
Para que el servicio al hombre sea vivido en la familia de acuerdo con el estilo
evangélico, hay que poner en práctica con todo cuidado lo que enseña el Concilio
Vaticano II: «Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente
irreprochable y aparezca como tal, es necesario ver en el prójimo la imagen de
Dios, según la cual ha sido creado, y a Cristo Señor, a quien en realidad se
ofrece lo que al necesitado se da»[163].
La familia cristiana, mientras con la caridad edifica la Iglesia, se pone al servicio
del hombre y del mundo, actuando de verdad aquella «promoción humana»,
cuyo contenido ha sido sintetizado en el Mensaje del Sínodo a las familias: «Otro
cometido de la familia es el de formar los hombres al amor y practicar el amor
en toda relación humana con los demás, de tal modo que ella no se encierre en
sí misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, inspirándose en un
sentido de justicia y de solicitud hacia los otros, consciente de la propia
responsabilidad hacia toda la sociedad»[164].
CUARTA PARTE
PASTORAL FAMILIAR:
TIEMPOS, ESTRUCTURAS, AGENTES
Y SITUACIONES
I - TIEMPOS DE LA PASTORAL FAMILIAR
La Iglesia acompaña a la familia cristiana en su camino
65. Al igual que toda realidad viviente, también la familia está llamada a
desarrollarse y crecer. Después de la preparación durante el noviazgo y la
celebración sacramental del matrimonio la pareja comienza el camino cotidiano
hacia la progresiva actuación de los valores y deberes del mismo matrimonio.
A la luz de la fe y en virtud de la esperanza, la familia cristiana participa, en
comunión con la Iglesia, en la experiencia de la peregrinación terrena hacia la
plena revelación y realización del Reino de Dios.
