EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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Plegaria y vida
62. No hay que olvidar nunca que la oración es parte constitutiva y esencial de la
vida cristiana considerada en su integridad y profundidad. Más aún, pertenece a
nuestra misma «humanidad» y es «la primera expresión de la verdad interior del
hombre, la primera condición de la auténtica libertad del espíritu»​[156]​.
Por ello la plegaria no es una evasión que desvía del compromiso cotidiano, sino
que constituye el empuje más fuerte para que la familia cristiana asuma y ponga
en práctica plenamente sus responsabilidades como célula primera y
fundamental de la sociedad humana. En ese sentido, la efectiva participación en
la vida y misión de la Iglesia en el mundo es proporcional a la fidelidad e
intensidad de la oración con la que la familia cristiana se una a la Vid fecunda,
que es Cristo​[157]​.
De la unión vital con Cristo, alimentada por la liturgia, de la ofrenda de sí mismo
y de la oración deriva también la fecundidad de la familia cristiana en su servicio
específico de promoción humana, que no puede menos de llevar a la
transformación del mundo​[158]​.
3 ) ​La familia cristiana, comunidad al servicio del hombre
El nuevo mandamiento del amor
63. La Iglesia, pueblo profético, sacerdotal y real, tiene la misión de llevar a
todos los hombres a acoger con fe la Palabra de Dios, a celebrarla y profesarla
en los sacramentos y en la plegaria, y finalmente a manifestarla en la vida
concreta según el don y el nuevo mandamiento del amor.
La vida cristiana encuentra su ley no en un código escrito, sino en la acción
personal del Espíritu Santo que anima y guía al cristiano, es decir, en «la ley del
espíritu de vida en Cristo Jesús»​[159]​: «el amor de Dios se ha derramado en
nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado»​[160]​.
Esto vale también para la pareja y para la familia cristiana: su guía y norma es
el Espíritu de Jesús, difundido en los corazones con la celebración del
sacramento del matrimonio. En continuidad con el bautismo de agua y del
Espíritu, el matrimonio propone de nuevo la ley evangélica del amor, y con el
don del Espíritu la graba más profundamente en el corazón de los cónyuges
cristianos. Su amor, purificado y salvado, es fruto del Espíritu que actúa en el
corazón de los creyentes y se pone a la vez como el mandamiento fundamental
de la vida moral que es una exigencia de su libertad responsable.
La familia cristiana es así animada y guiada por la ley nueva del Espíritu y en
íntima comunión con la Iglesia, pueblo real, es llamada a vivir su «servicio» de
amor a Dios y a los hermanos. Como Cristo ejerce su potestad real poniéndose
al servicio de los hombres​[161]​, así también el cristiano encuentra el auténtico
sentido de su participación en la realeza de su Señor, compartiendo su espíritu y
su actitud de servicio al hombre: «Este poder lo comunicó a sus discípulos, para
que también ellos queden constituidos en soberana libertad, y por su abnegación
y santa vida venzan en sí mismos el reino del pecado (cf. ​Rom​ 6, 12). Más aún,
para que sirviendo a Cristo también en los demás, conduzcan con humildad y
paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar. También por
medio de los fieles laicos el Señor desea dilatar su reino: ​reino de verdad y de
vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz.​ Un reino