EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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matrimonio-sacramento, constituye para los cónyuges y para la familia el
fundamento de una vocación y de una misión sacerdotal, mediante la cual su
misma existencia cotidiana se transforma en «sacrificio espiritual aceptable a
Dios por Jesucristo»[149]. Esto sucede no sólo con la celebración de la Eucaristía
y de los otros sacramentos o con la ofrenda de sí mismos para gloria de Dios,
sino también con la vida de oración, con el diálogo suplicante dirigido al Padre
por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo.
La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en
común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos. La comunión en la plegaria
es a la vez fruto y exigencia de esa comunión que deriva de los sacramentos del
bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden
aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Señor Jesús promete
su presencia: «Os digo en verdad que si dos de vosotros conviniereis sobre la
tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgará mi Padre que está en los cielos.
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos»[150].
Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia que en las
diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada
como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas,
nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas,
alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas
queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la
familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias,
de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en
los cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en
cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante
de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y
confianza en la oración.
Maestros de oración
60. En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos tienen el deber
específico de educar a sus hijos en la plegaria, de introducirlos progresivamente
al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con Él: «Sobre
todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y los deberes del
sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros
años a conocer y a adorar a Dios y a amar al prójimo según la fe recibida en el
bautismo»[151].
Elemento fundamental e insustituible de la educación a la oración es el ejemplo
concreto, el testimonio vivo de los padres; sólo orando junto con sus hijos, el
padre y la madre, mientras ejercen su propio sacerdocio real, calan
profundamente en el corazón de sus hijos, dejando huellas que los posteriores
acontecimientos de la vida no lograrán borrar. Escuchemos de nuevo la llamada
que Pablo VI ha dirigido a las madres y a los padres: «Madres, ¿enseñáis a
vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los
sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión,
comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en
Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el
