EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


Vista previa del archivo PDF exhortacin-apostlica-familiaris-consortio-1.pdf


Página 1...39 40 41424371

Vista previa de texto


Matrimonio y Eucaristía
57. El deber de santificación de la familia cristiana tiene su primera raíz en el
bautismo y su expresión máxima en la Eucaristía, a la que está íntimamente
unido el matrimonio cristiano. El Concilio Vaticano II ha querido poner de relieve
la especial relación existente entre la Eucaristía y el matrimonio, pidiendo que
habitualmente éste se celebre «dentro de la Misa»​[144]​. Volver a encontrar y
profundizar tal relación es del todo necesario, si se quiere comprender y vivir con
mayor intensidad la gracia y las responsabilidades del matrimonio y de la familia
cristiana.
La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio
eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto
sellada con la sangre de la cruz​[145]​. Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna
Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura
interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal. En cuanto
representación del sacrificio de amor de Cristo por su Iglesia, la Eucaristía es
manantial de caridad. Y en el don eucarístico de la caridad la familia cristiana
halla el fundamento y el alma de su «comunión» y de su «misión», ya que el Pan
eucarístico hace de los diversos miembros de la comunidad familiar un único
cuerpo, revelación y participación de la más amplia unidad de la Iglesia;
además, la participación en el Cuerpo «entregado» y en la Sangre «derramada»
de Cristo se hace fuente inagotable del dinamismo misionero y apostólico de la
familia cristiana.
El sacramento de la conversión y reconciliación
58. Parte esencial y permanente del cometido de santificación de la familia
cristiana es la acogida de la llamada evangélica a la conversión, dirigida a todos
los cristianos que no siempre permanecen fieles a la «novedad» del bautismo
que los ha hecho «santos». Tampoco la familia es siempre coherente con la ley
de la gracia y de la santidad bautismal, proclamada nuevamente en el
sacramento del matrimonio.
El arrepentimiento y perdón mutuo dentro de la familia cristiana que tanta parte
tienen en la vida cotidiana, hallan su momento sacramental específico en la
Penitencia cristiana. Respecto de los cónyuges cristianos, así escribía Pablo VI en
la encíclica ​Humanae vitae:​ «Y si el pecado les sorprendiese todavía, no se
desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de
Dios, que se concede en el Sacramento de la Penitencia»​[146]​.
La celebración de este sacramento adquiere un significado particular para la vida
familiar. En efecto, mientras mediante la fe descubren cómo el pecado
contradice no sólo la alianza con Dios, sino también la alianza de los cónyuges y
la comunión de la familia, los esposos y todos los miembros de la familia son
alentados al encuentro con Dios «rico en misericordia»​[147]​, el cual, infundiendo
su amor más fuerte que el pecado​[148]​, reconstruye y perfecciona la alianza
conyugal y la comunión familiar.
La plegaria familiar
59. La Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa
coherencia con el don y el cometido sacerdotal recibidos de Cristo Sumo
Sacerdote. En realidad, el sacerdocio bautismal de los fieles, vivido en el