EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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evangelizada y evangelizadora. En cuanto enraizado y derivado de la única
misión de la Iglesia y en cuanto ordenado a la edificación del único Cuerpo de
Cristo[128], el ministerio de evangelización y de catequesis de la Iglesia
doméstica ha de quedar en íntima comunión y ha de armonizarse
responsablemente con los otros servicios de evangelización y de catequesis
presentes y operantes en la comunidad eclesial, tanto diocesana como
parroquial.
Predicar el Evangelio a toda criatura
54. La universalidad sin fronteras es el horizonte propio de la evangelización,
animada interiormente por el afán misionero, ya que es de hecho la respuesta a
la explícita e inequívoca consigna de Cristo: «Id por el mundo y predicad el
Evangelio a toda criatura»[129].
También la fe y la misión evangelizadora de la familia cristiana poseen esta
dimensión misionera católica. El sacramento del matrimonio que plantea con
nueva fuerza el deber arraigado en el bautismo y en la confirmación de defender
y difundir la fe[130], constituye a los cónyuges y padres cristianos en testigos de
Cristo «hasta los últimos confines de la tierra»[131], como verdaderos y propios
misioneros» del amor y de la vida.
Una cierta forma de actividad misionera puede ser desplegada ya en el interior
de la familia. Esto sucede cuando alguno de los componentes de la misma no
tiene fe o no la practica con coherencia. En este caso, los parientes deben
ofrecerles tal testimonio de vida que los estimule y sostenga en el camino hacia
la plena adhesión a Cristo Salvador[132].
Animada por el espíritu misionero en su propio interior, la Iglesia doméstica está
llamada a ser un signo luminoso de la presencia de Cristo y de su amor incluso
para los «alejados», para las familias que no creen todavía y para las familias
cristianas que no viven coherentemente la fe recibida. Está llamada «con su
ejemplo y testimonio» a iluminar «a los que buscan la verdad»[133].
Así como ya al principio del cristianismo Aquila y Priscila se presentaban como
una pareja misionera[134], así también la Iglesia testimonia hoy su incesante
novedad y vigor con la presencia de cónyuges y familias cristianas que, al menos
durante un cierto período de tiempo, van a tierras de misión a anunciar el
Evangelio, sirviendo al hombre por amor de Jesucristo.
Las familias cristianas dan una contribución particular a la causa misionera de la
Iglesia, cultivando la vocación misionera en sus propios hijos e hijas[135] y, de
manera más general, con una obra educadora que prepare a sus hijos, desde la
juventud «para conocer el amor de Dios hacia todos los hombres»[136].
2) La familia cristiana, comunidad en diálogo con Dios
El santuario doméstico de la Iglesia
55. El anuncio del Evangelio y su acogida mediante la fe encuentran su plenitud
en la celebración sacramental. La Iglesia, comunidad creyente y evangelizadora,
es también pueblo sacerdotal, es decir, revestido de la dignidad y partícipe de la
potestad de Cristo, Sumo Sacerdote de la nueva y eterna Alianza[137].
También la familia cristiana está inserta en la Iglesia, pueblo sacerdotal,
mediante el sacramento del matrimonio, en el cual está enraizada y de la que se
alimenta, es vivificada continuamente por el Señor y es llamada e invitada al
