EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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cristiana como 1) comunidad creyente y evangelizadora, 2) comunidad en
diálogo con Dios, 3) comunidad al servicio del hombre.
1) ​La familia cristiana, comunidad creyente y evangelizadora
La fe, descubrimiento y admiración del plan de Dios sobre la familia
51. Dado que participa de la vida y misión de la Iglesia, la cual escucha
religiosamente la Palabra de Dios y la proclama con firme confianza​[120]​, ​la
familia cristiana vive su cometido profético acogiendo y anunciando la Palabra de
Dios.​ Se hace así, cada día más, una comunidad creyente y evangelizadora.
También a los esposos y padres cristianos se exige la obediencia a la fe​[121]​, ya
que son llamados a acoger la Palabra del Señor que les revela la estupenda
novedad —la Buena Nueva— de su vida conyugal y familiar, que Cristo ha hecho
santa y santificadora. En efecto, solamente mediante la fe ellos pueden descubrir
y admirar con gozosa gratitud a qué dignidad ha elevado Dios el matrimonio y la
familia, constituyéndolos en signo y lugar de la alianza de amor entre Dios y los
hombres, entre Jesucristo y la Iglesia esposa suya. La misma preparación al
matrimonio cristiano se califica ya como un itinerario de fe. Es, en efecto, una
ocasión privilegiada para que los novios vuelvan a descubrir y profundicen la fe
recibida en el Bautismo y alimentada con la educación cristiana. De esta manera
reconocen y acogen libremente la vocación a vivir el seguimiento de Cristo y el
servicio al Reino de Dios en el estado matrimonial.
El momento fundamental de la fe de los esposos está en la celebración del
sacramento del matrimonio, que en el fondo de su naturaleza es la
proclamación, dentro de la Iglesia, de la Buena Nueva sobre el amor conyugal.
Es la Palabra de Dios que «revela» y «culmina» el proyecto sabio y amoroso que
Dios tiene sobre los esposos, llamados a la misteriosa y real participación en el
amor mismo de Dios hacia la humanidad. Si la celebración sacramental del
matrimonio es en sí misma una proclamación de la Palabra de Dios en cuanto
son por título diverso protagonistas y celebrantes, debe ser una «profesión de
fe» hecha dentro y con la Iglesia, comunidad de creyentes.
Esta profesión de fe ha de ser continuada en la vida de los esposos y de la
familia. En efecto, Dios que ha llamado a los esposos «al» matrimonio, continúa
a llamarlos «en el» matrimonio​[122]​. Dentro y a través de los hechos, los
problemas, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día,
Dios viene a ellos, revelando y proponiendo las «exigencias» concretas de su
participación en el amor de Cristo por su Iglesia, de acuerdo con la particular
situación —familiar, social y eclesial— en la que se encuentran. El
descubrimiento y la obediencia al plan de Dios deben hacerse «en conjunto» por
parte de la comunidad conyugal y familiar, a través de la misma experiencia
humana del amor vivido en el Espíritu de Cristo entre los esposos, entre los
padres y los hijos.
Para esto, también la pequeña Iglesia doméstica, como la gran Iglesia, tiene
necesidad de ser evangelizada continua e intensamente. De ahí deriva su deber
de educación permanente en la fe.
Ministerio de evangelización de la familia cristiana
52. En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la
fe, se hace comunidad evangelizadora. Escuchemos de nuevo a Pablo VI: «La