EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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El cometido social y político forma parte de la misión real o de servicio, en la que
participan los esposos cristianos en virtud del sacramento del matrimonio,
recibiendo a la vez un mandato al que no pueden sustraerse y una gracia que los
sostiene y los anima.
De este modo la familia cristiana está llamada a ofrecer a todos el testimonio de
una entrega generosa y desinteresada a los problemas sociales, mediante la
«opción preferencial» por los pobres y los marginados. Por eso la familia,
avanzando en el seguimiento del Señor mediante un amor especial hacia todos
los pobres, debe preocuparse especialmente de los que padecen hambre, de los
indigentes, de los ancianos, los enfermos, los drogadictos o los que están sin
familia.
Hacia un nuevo orden internacional
48. Ante la dimensión mundial que hoy caracteriza a los diversos problemas
sociales, la familia ve que se dilata de una manera totalmente nueva su
cometido ante el desarrollo de la sociedad; se trata de cooperar también a
establecer un nuevo orden internacional, porque sólo con la solidaridad mundial
se pueden afrontar y resolver los enormes y dramáticos problemas de la justicia
en el mundo, de la libertad de los pueblos y de la paz de la humanidad.
La comunión espiritual de las familias cristianas, enraizadas en la fe y esperanza
común y vivificadas por la caridad, constituye una energía interior que origina,
difunde y desarrolla justicia, reconciliación, fraternidad y paz entre los hombres.
La familia cristiana, como «pequeña Iglesia», está llamada, a semejanza de la
«gran Iglesia», a ser signo de unidad para el mundo y a ejercer de ese modo su
función profética, dando testimonio del Reino y de la paz de Cristo, hacia el cual
el mundo entero está en camino.
Las familias cristianas podrán realizar esto tanto por medio de su acción
educadora, es decir, ofreciendo a los hijos un modelo de vida fundado sobre los
valores de la verdad, libertad, justicia y amor, bien sea con un compromiso
activo y responsable para el crecimiento auténticamente humano de la sociedad
y de sus instituciones, bien con el apoyo, de diferentes modos, a las asociaciones
dedicadas específicamente a los problemas del orden internacional.
IV - PARTICIPACIÓN EN LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA
La familia en el misterio de la Iglesia
49. Entre los cometidos fundamentales de la familia cristiana se halla el eclesial,
es decir, que ella está puesta al servicio de la edificación del Reino de Dios en la
historia, mediante la participación en la vida y misión de la Iglesia.
Para comprender mejor los fundamentos, contenidos y características de tal
participación, hay que examinar a fondo los múltiples y profundos vínculos que
unen entre sí a la Iglesia y a la familia cristiana, y que hacen de esta última
como una «Iglesia en miniatura» (​Ecclesia domestica)​ ​[114]​ de modo que sea, a
su manera, una imagen viva y una representación histórica del misterio mismo
de la Iglesia.
Es ante todo la Iglesia Madre la que engendra, educa, edifica la familia cristiana,
poniendo en práctica para con la misma la misión de salvación que ha recibido
de su Señor. Con el anuncio de la Palabra de Dios, la Iglesia revela a la familia
cristiana su verdadera identidad, lo que es y debe ser según el plan del Señor;