EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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Así la familia, en virtud de su naturaleza y vocación, lejos de encerrarse en sí
misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función
social.
La vida familiar como experiencia de comunión y participación
43. La misma experiencia de comunión y participación, que debe caracterizar la
vida diaria de la familia, representa su primera y fundamental aportación a la
sociedad.
Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y
guiadas por la ley de la «gratuidad» que, respetando y favoreciendo en todos y
cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida
cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y
solidaridad profunda.
Así la promoción de una auténtica y madura comunión de personas en la familia
se convierte en la primera e insustituible escuela de socialidad, ejemplo y
estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto,
justicia, diálogo y amor.
De este modo, como han recordado los Padres Sinodales, la familia constituye el
lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización
de la sociedad: colabora de manera original y profunda en la construcción del
mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular
custodiando y transmitiendo las virtudes y los «valores». Como dice el Concilio
Vaticano II, en la familia «las distintas generaciones coinciden y se ayudan
mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las
personas con las demás exigencias de la vida social»​[106]​.
Como consecuencia, de cara a una sociedad que corre el peligro de ser cada vez
más despersonalizada y masificada, y por tanto inhumana y deshumanizadora,
con los resultados negativos de tantas formas de «evasión» —como son, por
ejemplo, el alcoholismo, la droga y el mismo terrorismo—, la familia posee y
comunica todavía hoy energías formidables capaces de sacar al hombre del
anonimato, de mantenerlo consciente de su dignidad personal, de enriquecerlo
con profunda humanidad y de inserirlo activamente con su unicidad e
irrepetibilidad en el tejido de la sociedad.
Función social y política
44. La función social de la familia no puede ciertamente reducirse a la acción
procreadora y educativa, aunque encuentra en ella su primera e insustituible
forma de expresión.
Las familias, tanto solas como asociadas, pueden y deben por tanto dedicarse a
muchas obras de servicio social, especialmente en favor de los pobres y de todas
aquellas personas y situaciones, a las que no logra llegar la organización de
previsión y asistencia de las autoridades públicas.
La aportación social de la familia tiene su originalidad, que exige se la conozca
mejor y se la apoye más decididamente, sobre todo a medida que los hijos
crecen, implicando de hecho lo más posible a todos sus miembros​[107]​.
En especial hay que destacar la importancia cada vez mayor que en nuestra
sociedad asume la hospitalidad, en todas sus formas, desde el abrir la puerta de
la propia casa, y más aún la del propio corazón, a las peticiones de los