EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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de los seguidores de Cristo. En la familia consciente de tal don, como escribió
Pablo VI, «todos los miembros evangelizan y son evangelizados»​[103]​.
En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su
vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante los hijos. Es más, rezando
con los hijos, dedicándose con ellos a la lectura de la Palabra de Dios e
introduciéndolos en la intimidad del Cuerpo —eucarístico y eclesial— de Cristo
mediante la iniciación cristiana, llegan a ser plenamente padres, es decir
engendradores no sólo de la vida corporal, sino también de aquella que,
mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo.
A fin de que los padres cristianos puedan cumplir dignamente su ministerio
educativo, los Padres Sinodales han manifestado el deseo de que se prepare un
texto adecuado de ​catecismo para las familias​ claro, breve y que pueda ser
fácilmente asimilado por todos. Las conferencias episcopales han sido invitadas
encarecidamente a comprometerse en la realización de este catecismo.
Relaciones con otras fuerzas educativas
40. La familia es la primera, pero no la única y exclusiva, comunidad educadora;
la misma dimensión comunitaria, civil y eclesial del hombre exige y conduce a
una acción más amplia y articulada, fruto de la colaboración ordenada de las
diversas fuerzas educativas. Estas son necesarias, aunque cada una puede y
debe intervenir con su competencia y con su contribución propias​[104]​.
La tarea educativa de la familia cristiana tiene por esto un puesto muy
importante en la pastoral orgánica; esto implica una nueva forma de
colaboración entre los padres y las comunidades cristianas, entre los diversos
grupos educativos y los pastores. En este sentido, la renovación de la escuela
católica debe prestar una atención especial tanto a los padres de los alumnos
como a la formación de una perfecta comunidad educadora.
Debe asegurarse absolutamente el derecho de los padres a la elección de una
educación conforme con su fe religiosa.
El Estado y la Iglesia tienen la obligación de dar a las familias todas las ayudas
posibles, a fin de que puedan ejercer adecuadamente sus funciones educativas.
Por esto tanto la Iglesia como el Estado deben crear y promover las instituciones
y actividades que las familias piden justamente, y la ayuda deberá ser
proporcionada a las insuficiencias de las familias. Por tanto, todos aquellos que
en la sociedad dirigen las escuelas, no deben olvidar nunca que los padres han
sido constituidos por Dios mismo como los primeros y principales educadores de
los hijos, y que su derecho es del todo inalienable.
Pero como complementario al derecho, se pone el grave deber de los padres de
comprometerse a fondo en una relación cordial y efectiva con los profesores y
directores de las escuelas.
Si en las escuelas se enseñan ideologías contrarias a la fe cristiana, la familia
junto con otras familias, si es posible mediante formas de asociación familiar,
debe con todas las fuerzas y con sabiduria ayudar a los jóvenes a no alejarse de
la fe. En este caso la familia tiene necesidad de ayudas especiales por parte de
los pastores de almas, los cuales no deben olvidar que los padres tienen el
derecho inviolable de confiar sus hijos a la comunidad eclesial.
Un servicio múltiple a la vida