EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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correspondido por los esposos, les ayuda a vivir la sexualidad humana según el
plan de Dios y como signo del amor unitivo y fecundo de Cristo por su Iglesia.
Pero entre las condiciones necesarias está también el conocimiento de la
corporeidad y de sus ritmos de fertilidad. En tal sentido conviene hacer lo posible
para que semejante conocimiento se haga accesible a todos los esposos, y ante
todo a las personas jóvenes, mediante una información y una educación clara,
oportuna y seria, por parte de parejas, de médicos y de expertos. El
conocimiento debe desembocar además en la educación al autocontrol; de ahí la
absoluta necesidad de la virtud de la castidad y de la educación permanente en
ella. Según la visión cristiana, la castidad no significa absolutamente rechazo ni
menosprecio de la sexualidad humana: significa más bien energía espiritual que
sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe
promoverlo hacia su realización plena.
Pablo VI, con intuición profunda de sabiduría y amor, no hizo más que escuchar
la experiencia de tantas parejas de esposos cuando en su encíclica escribió: «El
dominio del instinto, mediante la razón y la voluntad libre, impone sin ningún
género de duda una ascética, para que las manifestaciones afectivas de la vida
conyugal estén en conformidad con el orden recto y particularmente para
observar la continencia periódica. Esta disciplina, propia de la pureza de los
esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más
sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los
cónyuges desarrollan integralmente su personalidad, enriqueciéndose de valores
espirituales: aportando a la vida familiar frutos de serenidad y de paz y
facilitando la solución de otros problemas; favoreciendo la atención hacia el otro
cónyuge; ayudando a superar el egoísmo, enemigo del verdadero amor, y
enraizando más su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren así la
capacidad de un influjo más profundo y eficaz para educar a los hijos»​[94]​.
Itinerario moral de los esposos
34. Es siempre muy importante poseer una recta concepción del orden moral, de
sus valores y normas; la importancia aumenta, cuanto más numerosas y graves
se hacen las dificultades para respetarlos.
El orden moral, precisamente porque revela y propone el designio de Dios
Creador, no puede ser algo mortificante para el hombre ni algo impersonal; al
contrario, respondiendo a las exigencias más profundas del hombre creado por
Dios, se pone al servicio de su humanidad plena, con el amor delicado y
vinculante con que Dios mismo inspira, sostiene y guía a cada criatura hacia su
felicidad.
Pero el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso
de Dios, es un ser histórico, que se construye día a día con sus opciones
numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según
diversas etapas de crecimiento.
También los esposos, en el ámbito de su vida moral, están llamados a un
continuo camino, sostenidos por el deseo sincero y activo de conocer cada vez
mejor los valores que la ley divina tutela y promueve, y por la voluntad recta y
generosa de encarnarlos en sus opciones concretas.