EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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Ellos, sin embargo, no pueden mirar la ley como un mero ideal que se puede
alcanzar en el futuro, sino que deben considerarla como un mandato de Cristo
Señor a superar con valentía las dificultades. «Por ello la llamada "ley de
gradualidad" o camino gradual no puede identificarse con la "gradualidad de la
ley", como si hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina para
los diversos hombres y situaciones. Todos los esposos, según el plan de Dios,
están llamados a la santidad en el matrimonio, y esta excelsa vocación se realiza
en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de
responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia
divina y en la propia voluntad»​[95]​. En la misma línea, es propio de la
pedagogía de la Iglesia que los esposos reconozcan ante todo claramente la
doctrina de la ​Humanae vitae​ como normativa para el ejercicio de su sexualidad
y se comprometan sinceramente a poner las condiciones necesarias para
observar tal norma.
Esta pedagogía, como ha puesto de relieve el Sínodo, abarca toda la vida
conyugal. Por esto la función de transmitir la vida debe estar integrada en la
misión global de toda la vida cristiana, la cual sin la cruz no puede llegar a la
resurrección. En semejante contexto se comprende cómo no se puede quitar de
la vida familiar el sacrificio, es más, se debe aceptar de corazón, a fin de que el
amor conyugal se haga más profundo y sea fuente de gozo íntimo.
Este camino exige reflexión, información, educación idónea de los sacerdotes,
religiosos y laicos que están dedicados a la pastoral familiar; todos ellos podrán
ayudar a los esposos en su itinerario humano y espiritual, que comporta la
conciencia del pecado, el compromiso sincero a observar la ley moral y el
ministerio de la reconciliación. Conviene también tener presente que en la
intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos personas, llamadas
sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento. Esto exige no
poca paciencia, simpatía y tiempo. Singular importancia tiene en este campo la
unidad de juicios morales y pastorales de los sacerdotes: tal unidad debe ser
buscada y asegurada cuidadosamente, para que los fieles no tengan que sufrir
ansiedades de conciencia​[96]​.
El camino de los esposos será pues más fácil si, con estima de la doctrina de la
Iglesia y con confianza en la gracia de Cristo, ayudados y acompañados por los
pastores de almas y por la comunidad eclesial entera, saben descubrir y
experimentar el valor de liberación y promoción del amor auténtico, que el
Evangelio ofrece y el mandamiento del Señor propone.
Suscitar convicciones y ofrecer ayudas concretas
35. Ante el problema de una honesta regulación de la natalidad, la comunidad
eclesial, en el tiempo presente, debe preocuparse por suscitar convicciones y
ofrecer ayudas concretas a quienes desean vivir la paternidad y la maternidad de
modo verdaderamente responsable.
En este campo, mientras la Iglesia se alegra de los resultados alcanzados por las
investigaciones científicas para un conocimiento más preciso de los ritmos de
fertilidad femenina y alienta a una más decisiva y amplia extensión de tales
estudios, no puede menos de apelar, con renovado vigor, a la responsabilidad de
cuantos —médicos, expertos, consejeros matrimoniales, educadores, parejas—