EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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pueden ayudar efectivamente a los esposos a vivir su amor, respetando la
estructura y finalidades del acto conyugal que lo expresa. Esto significa un
compromiso más amplio, decisivo y sistemático en hacer conocer, estimar y
aplicar los métodos naturales de regulación de la fertilidad​[97]​.
Un testimonio precioso puede y debe ser dado por aquellos esposos que,
mediante el compromiso común de la continencia periódica, han llegado a una
responsabilidad personal más madura ante el amor y la vida. Como escribía
Pablo VI, «a ellos ha confiado el Señor la misión de hacer visible ante los
hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los
esposos con su cooperación al amor de Dios, autor de la vida humana»​[98]​.
2) ​La educación​.
El derecho-deber educativo de los padres
36. La tarea educativa tiene sus raíces en la vocación primordial de los esposos a
participar en la obra creadora de Dios; ellos, engendrando en el amor y por
amor una nueva persona, que tiene en sí la vocación al crecimiento y al
desarrollo, asumen por eso mismo la obligación de ayudarla eficazmente a vivir
una vida plenamente humana. Como ha recordado el Concilio Vaticano II:
«Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima
obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los
primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación
familiar es de tanta transcendencia que, cuando falta, difícilmente puede
suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por
el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la
educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la
primera escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades
necesitan»​[99]​.
El derecho-deber educativo de los padres se califica como ​esencial,​ relacionado
como está con la transmisión de la vida humana; como ​original y primario​,
respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor
que subsiste entre padres e hijos; como ​insustituible e inalienable​ y que, por
consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros.
Por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más
radical, que determina el deber educativo de los padres, es ​el amor paterno y
materno​ que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y
perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de ​fuente​ en
alma​, y por consiguiente, en ​norma,​ que inspira y guía toda la acción educativa
concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad,
servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del
amor.
Educar en los valores esenciales de la vida humana
37. Aun en medio de las dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción
educativa, los padres deben formar a los hijos con confianza y valentía en los
valores esenciales de la vida humana. Los hijos deben crecer en una justa
libertad ante los bienes materiales, adoptando un estilo de vida sencillo y
austero, convencidos de que «el hombre vale más por lo que es que por lo que
tiene»​[100]​.