EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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La Iglesia está llamada a manifestar nuevamente a todos, con un
convencimiento más claro y firme, su voluntad de promover con todo medio y
defender contra toda insidia la vida humana, en cualquier condición o fase de
desarrollo en que se encuentre.
Por esto la Iglesia condena, como ofensa grave a la dignidad humana y a la
justicia, todas aquellas actividades de los gobiernos o de otras autoridades
públicas, que tratan de limitar de cualquier modo la libertad de los esposos en la
decisión sobre los hijos. Por consiguiente, hay que condenar totalmente y
rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor
del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto procurado. Al
mismo tiempo, hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en
las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción
de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo,
esterilización y aborto procurado​[85]​.
Para que el plan divino sea realizado cada vez más plenamente
31. La Iglesia es ciertamente consciente también de los múltiples y complejos
problemas que hoy, en muchos países, afectan a los esposos en su cometido de
transmitir responsablemente la vida. Conoce también el grave problema del
incremento demográfico como se plantea en diversas partes de mundo, con las
implicaciones morales que comporta.
Ella cree, sin embargo, que una consideración profunda de todos los aspectos de
tales problemas ofrece una nueva y más fuerte confirmación de la importancia
de la doctrina auténtica acerca de la regulación de la natalidad, propuesta de
nuevo en el Concilio Vaticano II y en la encíclica ​Humanae vitae​.
Por esto, junto con los Padres del Sínodo, siento el deber de dirigir una acuciante
invitación a los teólogos a fin de que, uniendo sus fuerzas para colaborar con el
magisterio jerárquico, se comprometan a iluminar cada vez mejor los
fundamentos bíblicos, las motivaciones éticas y las razones personalistas de esta
doctrina. Así será posible, en el contexto de una exposición orgánica, hacer que
la doctrina de la Iglesia en este importante capítulo sea verdaderamente
accesible a todos los hombres de buena voluntad, facilitando su comprensión
cada vez más luminosa y profunda; de este modo el plan divino podrá ser
realizado cada vez más plenamente, para la salvación del hombre y gloria del
Creador.
A este respecto, el empeño concorde de los teólogos, inspirado por la adhesión
convencida al Magisterio, que es la única guía auténtica del Pueblo de Dios,
presenta una urgencia especial también a causa de la relación íntima que existe
entre la doctrina católica sobre este punto y la visión del hombre que propone la
Iglesia. Dudas o errores en el ámbito matrimonial o familiar llevan a una
ofuscación grave de la verdad integral sobre el hombre, en una situación cultural
que muy a menudo es confusa y contradictoria. La aportación de iluminación y
profundización, que los teólogos están llamados a ofrecer en el cumplimiento de
su cometido específico, tiene un valor incomparable y representa un servicio
singular, altamente meritorio, a la familia y a la humanidad.
En la visión integral del hombre y de su vocación