EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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del «machismo», o sea, la superioridad abusiva de las prerrogativas masculinas
que humillan a la mujer e inhiben el desarrollo de sanas relaciones familiares.
Revelando y reviviendo en la tierra la misma paternidad de Dios​[73]​, el hombre
está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la
familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida
concebida junto al corazón de la madre, un compromiso educativo más solícito y
compartido con la propia esposa​[74]​, un trabajo que no disgregue nunca la
familia, sino que la promueva en su cohesión y estabilidad, un testimonio de
vida cristiana adulta, que introduzca más eficazmente a los hijos en la
experiencia viva de Cristo y de la Iglesia.
Derechos del niño
26. En la familia, comunidad de personas, debe reservarse una atención
especialísima al niño, desarrollando una profunda estima por su dignidad
personal, así como un gran respeto y un generoso servicio a sus derechos. Esto
vale respecto a todo niño, pero adquiere una urgencia singular cuando el niño es
pequeño y necesita de todo, está enfermo, delicado o es minusválido.
Procurando y teniendo un cuidado tierno y profundo para cada niño que viene a
este mundo, la Iglesia cumple una misión fundamental. En efecto, está llamada
a revelar y a proponer en la historia el ejemplo y el mandato de Cristo, que ha
querido poner al niño en el centro del Reino de Dios: «Dejad que los niños
vengan a mí, ... que de ellos es el reino de los cielos»​[75]​.
Repito nuevamente lo que dije en la Asamblea General de las Naciones Unidas,
el 2 de octubre de 1979: «Deseo ... expresar el gozo que para cada uno de
nosotros constituyen los niños, primavera de la vida, anticipo de la historia
futura de cada una de las patrias terrestres actuales. Ningún país del mundo,
ningún sistema político puede pensar en el propio futuro, si no es a través de la
imagen de estas nuevas generaciones que tomarán de sus padres el múltiple
patrimonio de los valores, de los deberes y de las aspiraciones de la nación a la
que pertenecen, junto con el de toda la familia humana. La solicitud por el niño,
incluso antes de su nacimiento, desde el primer momento de su concepción y, a
continuación, en los años de la infancia y de la juventud es la verificación
primaria y fundamental de la relación del hombre con el hombre. Y por eso, ¿qué
más se podría desear a cada nación y a toda la humanidad, a todos los niños del
mundo, sino un futuro mejor en el que el respeto de los Derechos del Hombre
llegue a ser una realidad plena en las dimensiones del 2000 que se
acerca?»​[76]​.
La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario —material, afectivo,
educativo, espiritual— a cada niño que viene a este mundo, deberá constituir
siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de
las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen «en sabiduría, en
estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres»​[77]​, serán una preciosa
ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación
de los padres​[78]​.
Los ancianos en familia
27. Hay culturas que manifiestan una singular veneración y un gran amor por el
anciano; lejos de ser apartado de la familia o de ser soportado como un peso