EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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comportamiento, tanto en familia como fuera de ella, sin descuidar por otra
parte en este campo la variedad de costumbres y culturas.
Ofensas a la dignidad de la mujer
24. Desgraciadamente el mensaje cristiano sobre la dignidad de la mujer halla
oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como
persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, al servicio del interés
egoísta y del solo placer; la primera víctima de tal mentalidad es la mujer.
Esta mentalidad produce frutos muy amargos, como el desprecio del hombre y
de la mujer, la esclavitud, la opresión de los débiles, la pornografía, la
prostitución —tanto más cuando es organizada— y todas las diferentes
discriminaciones que se encuentran en el ámbito de la educación, de la
profesión, de la retribución del trabajo, etc.
Además, todavía hoy, en gran parte de nuestra sociedad permanecen muchas
formas de discriminación humillante que afectan y ofenden gravemente algunos
grupos particulares de mujeres como, por ejemplo, las esposas que no tienen
hijos, las viudas, las separadas, las divorciadas, las madres solteras.
Estas y otras discriminaciones han sido deploradas con toda la fuerza posible por
los Padres Sinodales. Por lo tanto, pido que por parte de todos se desarrolle una
acción pastoral específica más enérgica e incisiva, a fin de que estas situaciones
sean vencidas definitivamente, de tal modo que se alcance la plena estima de la
imagen de Dios que se refleja en todos los seres humanos sin excepción alguna.
El hombre esposo y padre
25. Dentro de la comunión-comunidad conyugal y familiar, el hombre está
llamado a vivir su don y su función de esposo y padre.
Él ve en la esposa la realización del designio de Dios: «No es bueno que el
hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada»[67], y hace suya la
exclamación de Adán, el primer esposo: «Esta vez sí que es hueso de mis
huesos y carne de mi carne»[68].
El auténtico amor conyugal supone y exige que el hombre tenga profundo
respeto por la igual dignidad de la mujer: «No eres su amo —escribe san
Ambrosio— sino su marido; no te ha sido dada como esclava, sino como mujer...
Devuélvele sus atenciones hacia ti y sé para con ella agradecido por su
amor»[69]. El hombre debe vivir con la esposa «un tipo muy especial de amistad
personal»[70]. El cristiano además está llamado a desarrollar una actitud de
amor nuevo, manifestando hacia la propia mujer la caridad delicada y fuerte que
Cristo tiene a la Iglesia[71].
El amor a la esposa madre y el amor a los hijos son para el hombre el camino
natural para la comprensión y la realización de su paternidad. Sobre todo, donde
las condiciones sociales y culturales inducen fácilmente al padre a un cierto
desinterés respecto de la familia o bien a una presencia menor en la acción
educativa, es necesario esforzarse para que se recupere socialmente la
convicción de que el puesto y la función del padre en y por la familia son de una
importancia única e insustituible[72]. Como la experiencia enseña, la ausencia
del padre provoca desequilibrios psicológicos y morales, además de dificultades
notables en las relaciones familiares, como también, en circunstancias opuestas,
la presencia opresiva del padre, especialmente donde todavía vige el fenómeno
