LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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La puerta vedada
el nombre del autor. Tampoco veo la portada, me
interesa ella. —¿De dónde eres? La interrogo con la
intensión de continuar la charla interrumpida. —Soy
de Santiago, y viajo constantemente a Rancagua.
Mi abuela plantó allá una vid que me recomendó al
morir y tengo que cuidarla para que no muera. ¿Y
tú? Tu acento no parece ser chileno. Siento que se
abren mil posibilidades. Como por arte mágico se
apaga la tristeza y se inunda de luz el andén donde
viajamos ella y yo. Le digo que estoy investigando la
vida de un autor originario de Rancagua, como una
tarea autoimpuesta. Le comento de la universidad,
de mis constantes viajes para conocer su país; de
mi sorpresa al enterarme que una de las canciones
más escuchadas por mi familia desde que era muy
pequeño, no era de autor mexicano, como me decía
mi abuelo, que la cantaba a mi abuela, tantas veces
que la memoricé. Ahora sé que es de un chileno, de
quien no supe hasta apenas hace unos días, cuando
alguien me habló de él en el bar donde la cantaba un
grupo.
Llegamos a nuestro destino sin concluir la charla.
Ya la esperan, me dice. Nos despedimos con una
mezcla de complicidad y ruptura no deseada; como
si quisiéramos continuar el viaje. Al menos eso
siento cuando toco sus manos. No le pido dirección,
ni teléfono, ni correo electrónico, en el aturdimiento
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