LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


Vista previa del archivo PDF la-puerta-vedada-cuentos.pdf


Página 1...10 11 12131473

Vista previa de texto


Clara del Carmen Guillén

por eso me di cuenta de sus manos que sostienen un
libro de poemas cuyo autor no distingo y del que
tampoco pregunto por no parecer entrometido. Ella
se mete en la lectura, yo, en la duda sobre el autor, en
la duda sobre si sus manos son de pianista, en la duda
sobre si lloverá porque me estoy poniendo triste. Las
nubes van cubriendo lentamente la tarde y percibo la
humedad de octubre que se mete a mis sensaciones,
a mis pensamientos, a mi silencio que está buscando
cómo escapar, para volverse palabras dirigidas a una
destinataria que en este momento está metida en algo
que la hace llorar, aunque lo disimule limpiándose
discretamente con un pañuelo desechable; ella, que
ha pasado a ser lo más interesante de este viaje, tiene
que decirme qué la pone triste. —¿Lloverá entonces?,
le digo, tocándole suavemente la mano izquierda que
sostiene el libro. Ella levanta el rostro y me ve. Sus
ojos están enrojecidos, pero lo está más su alma, tiene
una mirada demasiado triste para ocultar que algo
la ha hecho ponerse así. —¿Qué? ¿No comprendo?
—¿Lloverá entonces esta tarde? —No lo sé. —Acabas
de decirme que percibes que va a llover porque te
pones triste, y tú lo estás ahora. —Cuando estoy frente
a este texto. —Me muestra la página que ha leído
posiblemente muchas veces. —Me pongo a llorar; es
algo que no puedo controlar y que a la vez me llama
a leerlo una y otra y otra vez, como una adicción,
como una necesidad imperiosa. No le pregunto

2 12 1