LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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Clara del Carmen Guillén

normal de quien tiene junto a sí a una persona
atractiva, joven, extremadamente sensible. ¡Qué
tonto! pienso, no me dijo su nombre. Es demasiado
tarde. Ya no está en la estación.
Paso el día buscando información en Rancagua,
población pequeña y hospitalaria. Todo me guía
a dos lugares: la casa de la esposa del poeta y el
cementerio del lugar. La casa está cerrada. Un taxi me
lleva al panteón. El taxista, amablemente se ofrece
a guiarme hasta la tumba. —Todo mundo la conoce
aquí. —Me dice. Entramos. Hay mucho movimiento:
personas que llevan flores, como en una procesión
que cumple un objetivo, tal vez algún acontecimiento
qué conmemorar. Pasa el cortejo a nuestro lado. El
hombre me lleva al lugar donde reposa el poeta. Se
puede leer un texto de Óscar Castro sobre la lápida,
cerca de la cual crece una vid, una vid añosa, húmeda
por la lluvia; al lado, un amontonamiento de tierra
recién preparada, tal vez para sembrar algo.
Escucho pasos muy cerca de mí y levanto la vista.
La joven del tren está frente a mí de nuevo. Trae un
rosal que planta con respeto a un lado de la tumba. Es
un momento místico que no se rompe ni con el paso
de las personas que regresan del cortejo, ni con mi
presencia enmudecida por la sorpresa. Poda la vid,
mezcla hojas y ramas con la tierra suelta y musita una

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