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INTRODUCCION.
nocimientos, etc., pueden hacernos conocer en qué
debe hacer consistir el placer cada uno, segun su
gusto particular; y el placer mismo puede también
enseñar la manera como debe ser- buscado: toda
apariencia de razonamiento á priori en esto no es,
en principio más que la experiencia generalizada
por la induccion. Y esta generalizacion (secundum
principia generalia, non universalia) es por otra
parte tan difícil en esta materia, que no se puede
ménos de conceder á cada uno una infinidad de excepciones, á fin de dejar escojer libremente un género de vida conforme á las inclinaciones particulares y á los apetitos para el placer, y por último,
para que cada uno aprenda á vivir á su costa ó á la
de otros.
Pero no sucede lo mismo con los preceptos de
la moral. Estos obligan á todos, sin tener en cuenta
las inclinaciones, y simplemente por la razon de
que todo hombre es libre y está dotado
una: razon práctica. El conocimiento de las leyes morales
no se ha obtenido por la observacion de si mismo
de la animalidad en nosotros; tampoco se ha tornado de la observacion del mundo, de lo que se
hace y de cómo se hace (aun cuando la palabra alemana Sitters, lo mismo que la latina- mores, no
significa más que las maneras y modo de vivir): al
contrario, la razon prescribe la manera cómo se
debe obrar, áun cuando ñádie -hubiese obrado así.
Tampoco se cuida de la utilidad que nuestras acciones puedan reportarnos, y que solo por experiencia podemos conocer; porque, áun permitiédo-.
nos buscar nuestro bien de todas las maneras po
