El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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su infantería, con escudos y lanzas, preparada para la embestida de la
caballería. Estamos todavía muy lejos. No tiene sentido, creo yo, que los
arqueros empiecen su trabajo.
—¡Avanzamos! Despacio. Quiero ver las reacciones del aragonés. Me
imagino que se esperaba nuestra visita —grita el príncipe castellano ya con
el yelmo bajado y tapándole parte de su cara.
Sin saber muy bien cómo es posible, empezamos a oír un estruendo de
caballería a nuestras espaldas. El rey Ramiro debía de saber, desde hace
tiempo, de nuestra llegada y nos tenía preparada su sorpresa. Es un rey
versado en mil batallas y no se iba a dejar sorprender. Su caballería ligera se
aproximaba al galope hacia nuestra retaguardia. Sancho empieza a dar
órdenes para organizar la defensa.
—¡Infantería, media vuelta! ¡Posición de defensa! ¡Escudos al frente!
Todo esto pilla por sorpresa a nuestras tropas. Nuestra caballería rompe
filas e intenta llegar al nuevo frente de batalla. Se quedan los arqueros
detrás de la tropa donde antes se encontraba la vanguardia. ¡Menudo caos
que se ha montado! La infantería del aragonés comienza su avance.
Estamos siendo atacados por dos frentes y en un terreno que desconocemos.
Acabábamos de llegar y no nos ha dado tiempo a estudiarlo.
—¡Arqueros, cargad y disparad!
Pero los arqueros están atemorizados, ya que ven acercarse a la carrera a
cientos de soldados que han dejado en su posición original sus lanzas y
llevan en sus manos el escudo y la espada, mientras gritan como poseídos
por el diablo.
—Rodrigo, esto tiene mala pinta. Pensaba pillar a mi tío por sorpresa,
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