El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
provisiones. No podíamos apretar más el paso y rezábamos para que la
fortaleza de Graus siguiese aguantando los envites de Ramiro.
Es 8 de mayo de 1063 y ya vemos en la lejanía la peña del Morral y la
muralla del castillo construido por los sarracenos. Se oyen los estruendos
desde aquí. Los de Ramiro están acampados en el llamado campo de
Zapata. No deben de ser más de dos mil hombres entre infantería y
caballería. Nosotros traemos pocos más de mil, veremos cómo se desarrolla
la contienda.
Sancho empieza a dar órdenes a sus oficiales. Yo permanezco a su lado,
en mi montura, intentando comprender todo lo que veo.
—¡Qué la caballería se coloque en vanguardia! Los arqueros detrás y
que la infantería se quede a retaguardia. ¡Vamos!
Con movimientos ordenados, todo el ejército se coloca en sus
posiciones. Nunca había visto en persona cómo se producía la formación de
ataque; me la habían explicado en infinidad de ocasiones, pero verlo con
mis propios ojos...
Las tropas de Ramiro ya se han percatado de nuestra presencia hace rato
y hacen lo propio. Pararon el lanzamiento de piedras contra la fortaleza y se
han preparado para la batalla. Desde esta distancia, no distingo bien lo que
están haciendo, la polvareda que se ha montado con los movimientos de los
ejércitos no me permiten ver con claridad.
Se hace el silencio, sólo se escucha el castañetear de algunos dientes,
supongo que por el miedo y el relincho de algún caballo. Parece que, poco a
poco, el polvo se está dispersando, va cayendo a su lugar de origen, la
tierra, y ya veo con más claridad las tropas del aragonés. Tienen al frente a
7
