El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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I - Primavera del año 1063
Ramiro I de Aragón sitia la ciudad de Graus

Nunca pensé que una batalla fuese algo tan encarnizado. Hasta ahora,
sólo había tenido contacto con las armas en los entrenamientos junto a mi
buen amigo el príncipe Sancho...
Ahora, era distinto, muy distinto. En los entrenamientos, no veía correr
la sangre de esta manera. Quizás la sangre de algún pequeño corte o
rozadura, pero nada de importancia. En estos momentos, estoy viendo como
los miembros de los combatientes son cercenados, las cabezas con el cuello
casi cortado se tuercen hacia un lado y el cuerpo, que ya casi no las
sostiene, se derrumba chocando contra el suelo. El campo es un barrizal,
pero no es agua la que convierte la tierra en lodo, es la sangre... Gritos, se
oyen gritos por todas partes. Lamentos y lloros. Sonidos desgarradores...
Sancho me había dicho que su padre Fernando, el rey, le había
comunicado que el regente de la Taifa de Zaragoza, el musulmán AlMuqtadir Billah, había solicitado ayuda, ya que el rey de Aragón, Ramiro,
había sitiado la ciudad de Graus. Nuestro rey no se puede negar, ya que la
taifa de Zaragoza paga religiosamente sus parias y, como contra prestación,
hay que acudir en su ayuda cuando lo requiere con motivos justificados.
—Rodrigo, me ha dicho mi padre que debo acudir en ayuda del rey moro
Al-Muqtadir, de la taifa de Zaragoza. Como sabes, es una de las taifas que
paga religiosamente la paria impuesta por mi padre para su protección.
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