El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
Parece que Ramiro, mi tío, rey de Aragón, ha puesto sitio a la ciudad de
Graus. No sé cuándo van a acabar estos líos de familia. Por algo llaman a
mi tío "el belicoso". ¡Qué afán tiene de conquistar todo lo que le rodea!
—Ya decía yo, Sancho, que te veía venir preocupado. Sabes que me
gustaría ir contigo y entrar en batalla. Quiero empezar a poner en práctica
todo lo que he aprendido contigo aquí en la corte. En cierto modo, pienso
que ya estoy preparado para lo que pueda acontecer en el campo de batalla.
—Ja, ja, ja. Rodrigo, ya me imaginaba que me dirías esto. Le he pedido
permiso a mi padre para poder llevarte y no ha puesto inconveniente. Eso
sí, me ha dicho que debes tener cuidado; una cosa es el patio de armas de la
fortaleza, con sus entrenamientos, y otra cosa muy distinta es estar metido
en el campo de batalla. Me ha pedido que te vigile, cree que eres de un gran
valor futuro para el reino. Se te ve valeroso y fiel a la corona. Está
convencido de que serás un guerrero importante, pero que, de momento, te
queda mucho por aprender. Así que sí, vendrás conmigo a cumplir con lo
que se me ha encomendado, pero prométeme obedecer lo que te diga en
todo momento. No quiero perder a mi mejor amigo.
—No te preocupes, príncipe. Estaré a tu lado y procuraré aprender todo
lo posible de la experiencia.
—Y, por cierto, Rodrigo, despídete bien de tu amiga esta noche, ya que
pasarás una buena temporada sin verla. Ja ja ja. Algún día conseguiré que
me cuentes de quién se trata.
Qué razón tenía mi príncipe y amigo Sancho, sólo el trayecto hasta
Graus nos ha llevado veintiséis días desde la corte en León. Más de cien
leguas de distancia son muchas para la infantería y los carros con las
6
