El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
a despedazar a los atacantes de a pie. Los infantes enemigos son muchos y
también consiguen infringir graves daños sobre nuestros hombres a caballo.
Entre varios, se lanzan sobre nuestros caballos y los tumban para después,
utilizando sus espadas, cortar miembros y cabezas. La caballería enemiga
ha sido bastante diezmada, aunque se dirige por uno de nuestros flancos
hacia el lugar en el que su infantería se encuentra con nuestros caballeros
luchando a muerte. Nuestros arqueros se echan hacia los lados y la
infantería castellana se dirige a la carrera hacia el lugar de la lucha. Sancho
y yo mismo nos vemos rodeados por todos los lados de soldados; de
soldados de ambos bandos. Utilizando nuestras espadas, vamos
quitándonos de encima a todos los infantes aragoneses que se nos
aproximan. Estoy salpicado de sangre. En varias ocasiones, he tenido que
limpiarme la cara con la manga, ya que no podía ver. Sangre por todas
partes, gritos, hombres llorando y mirando horrorizados sus miembros
esparcidos. Lodos de sangre por el suelo. Mandobles de espada por aquí,
por allí. Veo a Sancho y está igual que yo. No sé a cuántos hombres he
podido herir o matar; tengo el brazo derecho dolorido de tanto manejar la
pesada espada.
Se acercan varios aragoneses y empujan mi caballo. Me caigo al suelo y
me levanto inmediatamente. No me ha aplastado mi caballo de casualidad.
Se abalanzan sobre mi varios soldados. Aprieto los dientes y me abalanzo
yo sobre ellos, gritando y con los ojos fuera de mis órbitas. No sé cómo,
pero, uno tras otro, van cayendo a mi alrededor. ¡Quieren matarme, pero no
se lo permitiré! Llega un momento en el que me veo rodeado de infantes
aragoneses, pero no se atreven a acercarse. Tengo mi alrededor todo lleno
10
