El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
está más blando. Ja, ja, ja.
—Buenas noches, Sancho.
—Buenas noches, Rodrigo. ¡Qué cerquita te veo ya de tus tierras! —
palabras que me sacan una sonrisa.
Me cuesta dormir, pero no por lo incomodo del camastro, sino por los
nervios que tengo por la proximidad de las tierras que me vieron nacer y
crecer así como porque pronto podré ver a mi madre. ¿Cómo estará?
Nos levantamos y los monjes nos dan unos cuencos de leche y unos
trozos de pan para desayunar. Les bromeamos diciendo que si esto era
desayuno para un príncipe; cuando ponen cara de asustados, les soltamos
unas carcajadas tranquilizadoras y les decimos que es una broma, que
bastante agradecidos estamos por su acogida.
Partimos de nuevo y tanto el abad como los monjes salen a despedirnos.
—Gracias, príncipe Sancho, por vuestra visita. Esperamos volver a veros
pronto —se despide el Abad, haciendo una reverencia.
Continuamos por los caminos dirección a Burgos. Los terrenos son
bastante llanos con pocas subidas o bajadas, por lo que el camino se va
haciendo ligero sin demasiado esfuerzo por parte de nuestros caballos.
Hacemos varias paradas por el trayecto para observar los campos que nos
acompañan en nuestra travesía. Sancho se empeña en cazar un venado que
se nos ha cruzado, así que dedicamos un buen rato a dicha tarea.
Aprovechamos el venado para asarlo y comer. Se nota que Sancho tampoco
tiene prisa por llegar a Burgos e intenta disfrutar del viaje lo máximo
posible.
Llegamos ya, acercándose la noche, a la localidad de Carrión. Nos
31
