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EL ACTO PERSONAL DE SER, Y SU RELACIÓN A DIOS

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En el compuesto, el alma está “unida a la materia desde el primer
momento de su existencia”17. En el ser vivo siempre “hay unión sustancial
del alma y el cuerpo. El nacimiento, desarrollo y muerte de los vivientes
implican la real composición de forma (alma) y materia (cuerpo o materia
informada y organizada)”18.
Como toda forma de un ente material, el alma es acto del compuesto
vegetal o animal. El cuerpo del viviente recibe el ser a través de la forma.
La palabra «cuerpo» implica ya la posesión de una forma: sin forma no hay
cuerpo, sino materia, pura potencia. Un cuerpo posee ya una forma.
Cuando se dice cuerpo, en contraposición a alma, se hace suponiendo ya
una materia informada, no la pura receptividad de un acto. Toda alma —
como forma de un ser vivo corpóreo— es material, en el sentido de ser
forma de un ser material, pero en sí misma es algo distinto de la materia. Es
acto, no potencia.
La vida no es otra cosa que el ser del viviente, por eso podemos decir
que la forma da la vida, al ser el principio actual de unidad del viviente. El
alma confiere al viviente la vida, acto del viviente, y el orden. Es
precisamente el alma —forma del ser vivo— lo que distingue al viviente
del cuerpo inerte: mueve e informa al ser vivo, es forma y motor, principio
del ser y del obrar del sujeto vivo.
El conocimiento sensible es una actividad propia del animal, por la que
es capaz de conocer formas materiales a través de sus sentidos. Un perro no
sólo ve y huele un conejo, es capaz también de distinguirlo de otros
animales, reconocerlo como presa, y de recordar el lugar de su madriguera.
La acción global de los sentidos internos y externos permiten al ser
animado una posesión intencional de las formas externas que le rodean19.

17

S. L. BROCK, Tommaso d’Aquino e lo statuto fisico dell’anima spirituale, cit., p. 69

18

C. CARDONA, Olvido y memoria del ser, cit., p. 432

19

Cfr. J. Á. LOMBO – J. M. GIMÉNEZ AMAYA, La unidad de la persona. Aproximación
interdisciplinar desde la filosofía y la neurociencia, EUNSA, Pamplona 2013, p. 81