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EL ACTO PERSONAL DE SER, Y SU RELACIÓN A DIOS
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físicos (dualismo de propiedades)”8, y ha tomado múltiples formas a lo
largo de la historia. Puede resultar de cierto interés —por actual— la
perspectiva de estos dos profesores, Legrenzi y Umiltà: a partir de la
observación del comportamiento humano (reacciones ante ciertos impulsos,
emociones, capacidad de predecir el comportamiento de los demás, o de
intuir sus intenciones, etcétera), llegan a la conclusión de que es útil
imaginar a los demás como dotados de mente9. Se trata de un ejemplo de
dualismo de propiedades, que no se apela a una realidad extra-corporal,
sino a la dificultad de dar una explicación satisfactoria de los procesos
neurológicos causantes de las distintas reacciones observadas10. La mente,
afirman, es un producto del cerebro11 (y no sólo del cerebro humano), pero
un producto de tal complejidad que es preferible admitir el dualismo.
Sin embargo, para Cardona, el alma es casi la persona; de tal modo que
decimos «persona humana» para indicar el individuo que tiene como alma
un alma humana espiritual. La unidad del sujeto viene dada precisamente
por el alma, porque el alma —como forma— es el principio de unidad.
Si en sus escritos encontramos como protagonista a la persona, más que
al alma humana, es precisamente para centrar su atención en el sujeto
singular existente. En última instancia, la operación la realiza el sujeto, la
persona.
1. El alma racional
Persona es “la sustancia individual de naturaleza racional” 12 . Santo
Tomás parte de la definición de Boecio. Aunque hará alguna matización13,
8
J. J. SANGUINETI, Filosofía de la mente, cit., pp. 17-18
9
Cfr. P. LEGRENZI – C. UMILTÀ, Perché abbiamo bisogno dell’anima, cit., pp. 113-114
10
Cfr. Ibid., p. 106
11
Cfr. Ibid., p. 21
12
TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.29, a.1
