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CAPÍTULO II

Metafísica del bien y del mal5, el alma se convierte en el inicio y en el centro
del estudio sobre la persona humana. A partir de una explicación del
concepto de naturaleza, aplicado al hombre, pasa al alma como principio
vital y de operaciones, a la vez que forma del compuesto.
Esta visión del alma —ánima— como animadora del viviente simplifica
la noción de alma, a la vez que resalta la importancia de todo ser vivo. La
particularidad del alma humana estriba en su naturaleza, capaz de realizar
operaciones superiores a la materia. Esta característica nos revela la
subsistencia del alma, como parte del hombre. No una parte cualquiera. El
alma es el centro de la actividad vital, y portadora del ser.
Para Cardona, entender el alma es clave para la compresión de la
persona humana y su actividad. En el alma humana se encuentra ya la
individualidad, el ser, incluso la subsistencia para siempre. No es fácil
expresar en una fórmula breve la relación entre alma y persona según
Cardona. Decir que la persona humana es «el sujeto de un alma humana»,
o «el individuo con un alma humana», llevaría a pensar en el alma como
una cualidad de la persona, o un añadido al hombre6.
“¿Cómo resistir a la fuerza persuasiva del argumento dualista?” 7 , se
preguntan dos científicos italianos. “La corriente dualista sostiene, en
términos generales, la distinción real entre alma y cuerpo (dualismo
ontológico), o al menos entre los actos psíquicos («mentales») y los actos

4

Cfr. C. CARDONA, Olvido y memoria del ser, cit., pp. 432-442

5

C. CARDONA, Metafísica del bien y del mal, cit., pp. 69-89 Ver también C. CARDONA,
La persona, el alma y Dios, publicado en Servicio de Documentación Montealegre,
1990

6

En J. J. SANGUINETI, Filosofía de la mente. Un enfoque ontológico y antropológico,
Palabra, Madrid, 2007, pp. 17-42, se resumen las distintas posibilidades de
entender la actividad del alma en el cuerpo, teniendo en cuenta las opiniones
nacidas a partir de la ciencia moderna.

7

P. LEGRENZI – C. UMILTÀ, Perché abbiamo bisogno dell’anima, Il Mulino, Bolonia 2014,
p. 21. La traducción es mía.