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EL AMOR CREADOR
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El principio, o fundamento, de toda relación real es “la acción, la pasión
y la cantidad”102. También se puede decir así: una cosa es relativa si recibe
el ser de otra, si sufre la acción de otra, o si se compara con otra según la
cantidad. En el ente, la causa de la relación a Dios es su mismo ser creado:
“la causa es su misma realidad: radicalmente el acto de ser, intensivo y
emergente, participado, causado” 103 . El haber recibido el ser, por
participación, da lugar a una relación a Dios que no cesa mientras exista la
criatura.
Una relación puede dejar de existir por corrupción de uno de los
términos —o polos—, o por destrucción del fundamento. Antes he puesto
el ejemplo de la filiación de un potro, que termina cuando muere la yegua.
Sin embargo, aquí no queda claro qué significa destrucción del fundamento
o causa. El acto de generación es la causa de la relación de maternidad y —
al hablar en este caso de una relación mutua— de la filiación. Pero la
relación no termina cuando acaba la generación, sino que el fundamento
permanece de algún modo. Podemos decir que el principio de esas
relaciones no es la generación en sí, sino el haber generado a otro —o haber
sido generado por otro, en el caso del potro. “La aptitud para ser movido, y
el mismo mover, pasan; pero el haber sido movido es perpetuo: porque lo
que ha sido hecho nunca deja de haber sido hecho, y por consiguiente la
paternidad y la filiación nunca se destruyen por la destrucción de la causa,
sino sólo por la corrupción del sujeto en uno de los dos extremos [cfr. In IV
Sent. d.41, q.1, a.1, sol. II]”104.
La criatura recibe de Dios el acto de ser participado. El haber recibido el
ser hace de la relación algo perpetuo, mientras dura la criatura. Sin
embargo, en este caso la relación no es mutua, porque el dar a participar el
102
“Principium relationis est actio et passio et quantitas”, TOMÁS DE AQUINO, De
ente et essentia, 5, y otros textos de Santo Tomás citados por Carlos Cardona en
Metafísica del bien y del mal, cit., p. 59
103
C. CARDONA, Metafísica del bien y del mal, cit., p. 59
104
Ibid., p. 60
