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EL AMOR CREADOR
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estar en acto respecto a ese accidente. Así, la blancura no cambia en un folio
que recibe una mancha, más bien el folio corrompe en parte su capacidad
de mantener el ser blanco. Igual la relación del hombre a Dios: cuando una
persona se aleja voluntariamente de su fin, se separa gradualmente de Dios,
no por corrupción de la relación con Dios, sino porque el sujeto deteriora su
capacidad de vivir según esa relación.
En el obrar de las criaturas “puede darse, en cierta medida, una corrupción del sujeto y también una sustracción de la causa”108. Aquí radica uno
de los puntos de originalidad de Cardona, conectando la metafísica de la
creación con el obrar humano. Estrictamente, la relación a Dios es y será
perfecta siempre, mientras dure, y en el hombre es eterna. Pero hay una
perfección segunda, que se corresponde con la consecución del fin. El
hecho de ser criatura no puede cambiar, en este sentido la relación
permanece inalterada. Pero si nos situamos en el plano del obrar, la
relación a Dios puede mejorar o empeorar, crecer o corromperse, en cuanto
que la criatura se acerca o aleja de su bien. El hombre puede obrar más o
menos de acuerdo con la relación a Dios.
Si el haber recibido el ser tiene un fin, alcanzar ese fin será el bien de la
criatura. Los seres irracionales se mueven hacia su fin por su propia
naturaleza, por inclinación natural. El hombre, sin embargo, debe alcanzar
esa perfección segunda, a través de su obrar libre. Sólo los seres dotados de
razón pueden dirigir sus actos hacia el bien ordenado, o hacia otros fines
lejanos de aquel por el que han recibido el ser.
108
C. CARDONA, Metafísica del bien y del mal, cit., p. 60
