El amor personal en Carlos Cardona.pdf

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CAPÍTULO I
—de lo contrario no sería fin, sino azar. Sabemos que Dios no es
determinado por otro; si fuera así, no podría ser causa universal, habría
una causa por encima de él, y esa causa sería Dios. Se deduce que, al ser
causa universal del ser, Dios no es determinado por otro, y por tanto debe
ser inteligente59.
Los argumentos sobre el querer divino resultan mucho más sencillos,
partiendo de la inteligencia de Dios y de la naturaleza de la voluntad. El
primero: en cualquier ser con entendimiento hay voluntad o apetito
intelectual, y es propio de la voluntad el moverse hacia el bien entendido;
Dios es inteligente y conoce el bien junto con la razón de bien; por tanto
Dios quiere60.
El Ser por esencia es inteligente y libre. Estas dos notas bastan para
llegar a un Dios que da a participar el ser a entes distintos de sí mismo.
2. Libertad de la creación
Santo Tomás “señala la diferencia entre la causación por movimiento y
la por creación. Cuando se trata de una mutación se requiere un término
anterior que ya es un ente; en cambio en la causalidad universal se trata de
producir el ente en sentido universal absoluto, no cabe un término
anterior”61. El movimiento es el acto de lo que está en potencia, en cuanto
está en potencia62. Pero en la recepción del ser, no hay una potencia anterior,
y por eso la creación no es un movimiento.
59
TOMÁS DE AQUINO, Contra Gentiles, 1, 44.
60
Cfr. Ibid., 1, 73
61
J. R. MÉNDEZ, El amor fundamento de la participación metafísica, cit., p. 137
62
Cfr. ARISTÓTELES, Física, III, 1, 201a 10
