El amor personal en Carlos Cardona.pdf


Vista previa del archivo PDF el-amor-personal-en-carlos-cardona.pdf


Página 1...63 64 656667327

Vista previa de texto


EL AMOR CREADOR

65

La Creación es la producción de todo el ser por el Ser pleno63. Se dice
que Dios crea de la nada, porque no se sirve de algo preexistente al
producirlo que sirva de potencia o materia. Si hay algo previo, no es
creación sino mutación. Por tanto nos ponemos en el contexto de una
acción consistente en poner en el ser lo que antes no existía. El agente de
ese acto sólo puede ser Dios.
Ya estamos en condiciones de preguntarnos si hay algún motivo que
mueva a Dios a crear, o más sencillamente, “¿por qué Dios crea?”.
Cardona va directamente al núcleo del problema, y recurre a la Libertad
amorosa de Dios. “Dios omnipotente y amoroso me ha creado, por amor y
para el amor”64.
También Wilhelmsen: “El universo del ser es sencillamente porque Dios
lo hizo ser. ¿Por qué lo causó Dios? Porque lo quiso así. ¿Por qué lo quiso
así? Esta pregunta no admite contestación, porque se pierde en el misterio
de la Libertad Divina. Con otras palabras, podemos decir que la respuesta a
esta interrogación no está en una «razón» sino en algo que trasciende de
todas las razones: en el amor. Hay ser antes que no-ser porque hay amor. El
amor no es una razón, sino una causa”65. Efectivamente, nada podemos
añadir a la libertad divina, que haría de instancia última.
Quizá no podremos encontrar las razones de la Creación, pero sí nos
está permitido indagar en cómo hemos llegado al amor como causa de la
creación.
El amor es algo gratuito, no forzado. Existe una necesidad absoluta,
como la necesidad natural derivada del propio modo de ser. Según esta
necesidad, Dios conoce todo y se ama a sí mismo. Existe otro tipo de

63

“Cum creatio sit emanatio totius esse ab ente universali, ut dictum est”, TOMÁS
DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.45, a.4, ad 1.

64

C. CARDONA, Olvido y memoria del ser, cit., p. 86 Cfr. C. CARDONA, Ética del
quehacer educativo, cit., p. 58

65

F. D. WILHELMSEN, La metafísica del amor, cit., p. 158