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EL AMOR CREADOR
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de Aquino emerge como el fundamento de la realidad, de donde procede
también, y por tanto, toda facticidad” 36.
La esencia, como potencia de ser tal cosa, es el compuesto de materia y
forma, en los entes materiales. Para los entes inmateriales, la esencia es la
forma pura subsistente37. Wilhelmsen señala un texto de Santo Tomás como
clave para el argumento. Él lo resume de este modo: “Santo Tomás, al
insistir en que el acto de existir reúne dentro de sí todas las perfecciones y
que ese acto es en sí la perfección de las perfecciones porque es el acto de
los actos, establece como principio cardinal para el entendimiento de lo que
él entiende por esse, la siguiente inversión de la fórmula aristotélica: «Por
tanto, el esse no viene determinado por algo, como lo es una potencia por
un acto, sino, más bien, como un acto lo es por una potencia»”38.
Encontramos la misma cita Cardona39. Se trata de la cuestión séptima de
De Potentia, donde en el artículo segundo se pregunta si en Dios la esencia
es idéntica al ser. En una de las objeciones dice que el ser parece lo más
imperfecto, como la materia, pues así como la materia es determinada por
la forma, así el ser es determinado por los predicamentos, y el ser
determinado en tal modo es signo de imperfección. Responde de este
modo:
“Lo que llamo ser es entre todas las cosas la más perfecta: se deduce del
hecho que el acto es siempre más perfecto que la potencia. Pero cualquier
forma particular no se dice en acto sino porque el ser es puesto. Así, la
humanidad o el calor pueden considerarse como existentes tanto en la
potencia de la materia como en la capacidad del agente como en la mente;
36
J. R. MÉNDEZ, El amor fundamento de la participación metafísica, cit., p. 41 He
sustituido la abreviatura «TDA», que usa siempre Méndez en su libro, por
«Tomás de Aquino». Ver también F. D. WILHELMSEN, La metafísica del amor, cit.,
p. 102
37
Cfr. C. CARDONA, Olvido y memoria del ser, cit., p. 371
38
F. D. WILHELMSEN, La metafísica del amor, cit., pp. 102-103
39
Cfr. C. CARDONA, Metafísica de la opción intelectual, cit., p. 32
