La Hazaña del Buenos AIres.pdf


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Cuando regresó a la Argentina se dedicó por completo a
la aviación. En 1919 participó en una misión italiana
encabezada por el barón Antonio De Marchi para mostrar
los adelantos que Italia había hecho en la materia y en el
raid “Bahía Blanca – ciudad de Bs.As.”.
Años después, en una de las demostraciones que hacía
con frecuencia en Tandil, se incendió el motor del avión
que piloteaba cuando estaba cerrando un “looping”.
Olivero metió el rostro en las llamas para buscar la
filtración de nafta, protegió como pudo la parte del motor
que ofrecía mayor chances de explosión y con la otra
mantuvo firme el timón haciendo un descenso admirable.
Las quemaduras le exigieron meses de curación y le
dejaron marcas permanentes en el rostro.
El interés por la aviación decayó por falta de novedades
hasta que el 6 de junio de 1921 Olivero piloteando el
“Balila” estableció la mayor marca sudamericana al
elevarse 8000 metros. Pero la pequeña máquina no tenía la
protección de los aviones actuales y cuando aterrizó estaba
helado y completamente desorientado, fue rescatado por
unos vecinos de “El Tropezón” en el partido bonaerense
de San Martín.
Dos días después le quedaron destrozados los huesos de
la nariz a causa de un accidente de automóvil.