alejandro dumas el hombre de la mascara de hierro (1).pdf

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rigiendo una mirada escrutadora a Felipe, ––vos no seréis un rey como vuestro padre, delicado, tardío y hastiado de todo, sino un rey inteligente y guerrero, y como tal, anheloso
de ensanchar vuestros dominios, en los cuales yo os molestaría. Ahora bien, nuestra amistad debe no verse nunca, no diré alterada, pero ni siquiera levemente velada por un designio oculto. Yo os habré dado el trono de Francia, vos me daréis el trono de San Pedro.
Cuando vuestra mano leal, firme y armada tenga por gemela la de un papa como yo seré,
ni Carlos V, que ha poseído los dos tercios del mundo, ni Carlomagno, llegarán a vuestra
cintura. Como no tengo alianzas ni prevenciones, no os enfrascaré en la persecución de
los herejes ni en las guerras de familia. Vos y yo nos compartiremos el universo, vos en
lo temporal, yo en lo espiritual, y como yo moriré primero que vos, vuestra será mi
herencia. ¿Qué os parece mi plan, monseñor?
––Que sólo el haberos comprendido me llena de gozo y de orgullo; seréis cardenal, señor Herblay, y una vez cardenal, mi primer ministro, y una vez mi primer ministro, haré
cuanto me digáis para que os elijan papa. Pedidme garantías.
––¿Para qué? Nunca haré yo cosa alguna sin que vos salgáis ganando; ni subiré, que no
os haya hecho subir a vos el escalón superior, y me mantendré siempre lo bastante lejos
de vos para sustraerme a vuestros celos, y lo bastante cerca para conservar vuestro provecho y celar vuestra amistad. En este mundo todos los pactos se rompen porque el interés
que encierran tiende a ladearse de sólo un lado. Entre vos y yo nunca pasará eso; he ahí
por qué no necesito garantías.
––¿Así pues... mi hermano... desaparecerá?
––Sí, monseñor, y sin que persona alguna se dé cuenta de ello. Lo robaremos de su cama valiéndonos de una trampa que cede a la presión del dedo. Dormido a la sombra de la
corona, despertará en el cautiverio. Vos, desde aquel instante, impondréis vuestra única
voluntad, y nada os interesará como el conservarme a vuestro lado.
––Es cierto. Aquí está mi mano, señor de Herblay.
––Permitidme que me arrodille respetuosamente en vuestra presencia, Sire. El día que
la corona ciña vuestra frente, y la tiara la mía, nos abrazaremos.
––Abrazadme sin más tardanza, y sed para mí más que un hombre grande y hábil, más
que un genio sublime: sed bueno para conmigo, sed un padre.
Al escuchar tales palabras, Aramis casi se le subieron las lágrimas a los ojos, y le pareció sentir en su corazón algo hasta entonces para él desconocido; pero aquella impresión
fue fugaz.
––¡Su padre! ––dijo entre sí Herblay. ––Padre, sí, pero padre santo.
El príncipe y el obispo subieron nuevamente a la carroza, que partió a escape camino de
Vaux.
EL CASTILLO DE VAUX
El castillo de Vaux, situado a una legua de Melún, fue construido por Fouquet en 1653,
es decir en un tiempo en que en Francia era grande la escasez de dinero, pues por una
parte Mazarino lo había robado casi todo, y por la otra, Fouquet gastaba el resto. Sin embargo, como hay hombres que tienen fecundos los defectos y útiles los vicios, Fouquet, al
sembrar los millones en su palacio, halló manera de cosechar tres hombres ilustres; a Levau, arquitecto del edificio, a Le Notres, autor del plano de los jardines, y a Le Brun, que
pintó las habitaciones.
