El Avesta.pdf


Vista previa del archivo PDF el-avesta.pdf


Página 1...7 8 91011191

Vista previa de texto


escrito), a causa de significar «ustra», camello. Y esto porque en ciertas tribus persas primitivas
era costumbre que los niños acabasen por tener un nombre en relación con algo que habían
hecho que había llamado la atención; lo que ha llevado a suponer, siempre, claro está, dentro
del campo de lo caprichoso, que Zarathustra significaría «verdugo de camellos» a causa de
alguna paliza fenomenal que, siendo niño, daría a uno de estos animales. La cosa parece a
todas luces poco probable, e inventada para encontrar sentido a «Zarath», primera parte de su
nombre, cuya etimología se desconoce; es decir, tan legendaria como la afirmación de que su
padre, Purushaspa, descendía, al cabo de 45 generaciones, de Gayomart, el Adán de la
mitología irania. Es decir, de un personaje que existió poco más o menos con la misma certeza
que su compadre del Génesis. Esta manía de buscar a los personajes importantes antecesores
ilustres no es de ayer. Recordemos que la paternidad de Platón, por ejemplo, fue atribuida a
Apolo. Se ha dicho también que Zoroastro era el tercero de cinco hermanos, y que él mismo
tuvo tres esposas que por cierto le sobrevivieron. De las dos primeras se ignora el nombre; sí
se sabe, en cambio, que la que hizo el número uno le dio un hijo y tres hijas, y la segunda, que
se casó con él siendo viuda, dos hijos. En cuanto a la tercera, Hvovi, a la que por lo visto
prefería, ésta no le dio descendencia. Pero lo que el profeta no consiguió de modo natural, lo
conseguirían los encargados de formar su leyenda, puesto que ciertos textos hablan de tres
hijos postumos de Zarathustra, los dos primeros profetas en otro milenario, el tercero, el
famoso Saoshyant, el Gran Mesías iranio. Leyenda que se comprende no menos verdadera
que la que olvidando a Dughodhova, asegura que el fundador del Mazdeísmo nació de una
virgen de quince años llamada nada menos que Hervispotarvinitar, fecundada por un rayo de
luz. Cosa bonita ésta, ya que no verdadera.
No nos asombremos, pues, de todo lo anterior; limitémonos a pensar que lo que nos
queda del Avesta no fue redactado antes del siglo VI de nuestra era, y adelante (14). En doce
siglos transcurridos desde que nuestro héroe pasó por el Mundo, hubo tiempo de sobra para
forjarle una leyenda y alterar su obra. Durante tan largo período ocurrieron en Persia, como era
natural, una porción de acontecimientos que todo hace suponer que no fueron nada favorables
para esta doctrina, al menos en lo que afectaba a su total pureza y a su integridad. En efecto,
cuando Alexandros, el macedonio, conquistó Persia, entre las muchas cosas que fatalmente
tenían que ser destruidas como consecuencia de las luchas y de la violencia, estaban los libros
sagrados, que, por lo visto, fueron quemados. Si quedaron algunas copias y qué fue de ellas,
nada sabemos; los historiadores no lo han mencionado. Únicamente parece ser que en cuanto
a religión aquello fue (en toda la parte asiática conquistada, tras Alexandros y durante mucho
tiempo), una mezcla confusa de las más variadas creencias: griegas, persas, mesopotámicas,
egipcias e incluso hindúes, puesto que la propaganda budista pasó por Palestina llegando
hasta los bordes del Nilo. Cuando más tarde los partos se apoderaron de Persia, ¿trajeron con
ellos el zoroastrismo? ¿Practicaban otra religión? Si así era, ¿en qué se apartaba del
mazdeísmo?
En todo caso, los sasánidas que reinaron en el Irán del siglo III al VII, volvieron a poner en
primer plano el Zoroastrismo y fueron estos siglos su mayor período de gloria. Ahora bien, en
los textos que como acabo de decir fueron reunidos bajo el nombre común de El Avesta (15)
¿había algo realmente en verdad de Zarathustra? Probablemente sí, los mencionados Gathas.
En todo caso el Zoroastrismo, mejor sería decir el nuevo Zoroastrismo, aun admitiendo la
autenticidad de los Gathas, fue la religión oficial en el período sasánida hasta la llegada de los
árabes.
Conquistada Persia por éstos, el Zoroastrismo desapareció disuelto o absorbido por el
Islamismo. Con lo que una vez más quedó demostrado que, aunque otra cosa parezca, se
piense y se diga, la religión, salvo para muy pocos, no pasa de una especie de manto
seudoespiritual lo suficientemente efímero como para ser cambiado por otro sin gran dificultad: