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la trama de lo sobrenatural o religioso engendrado sin padre, puesto que fue obra de muchos,
hasta que la casualidad quiso que apareciese un hombre capaz de fundar él solo una religión a
causa de haber encontrado una idea, una «razón» que justificase la posible existencia de
aquello que hasta él había sido imaginado sin verdadera causa ni por qué, de su posible
existencia.
¿Fue Zarathustra el primer fundador de una religión o hubo algún otro hombre antes que
él que apartándose del politeísmo en que había acabado por cristalizar el primitivo animismo
personificador de las fuerzas de la Naturaleza, fue capaz de descubrir el monoteísmo
pensando que de haber algo superior a los hombres e incluso su creador, así como de todo
cuanto existía, este algo, esía Potencia no podía ser sino una? (10). Al llegar aquí un nombre
viene a la mente, el de Akhenatón. Pero la reforma de éste fue de tal modo flor de un día
(puesto que no duró pese a ser perfectamente lógica y un rayo de luz en medio de la maraña
oscura y disparatada de la religión egipcia, sino lo que duró él mismo), que sólo muy de pasada
se le puede contar entre los fundadores de religiones. Todo ello mueve a considerar a
Zarathustra como el primero y más importante entre los fundadores de religiones, a su religión
así mismo como la primera y más notable de la antigüedad, y a su patria, el Irán, como el
primer país que, gracias a él, tuvo un sistema religioso que si cierto obra de la fantasía, al
menos orientada esta fantasía hacia un fondo moral (11), elemento indispensable para qt 2 una
religión sea digna de ser tenida en cuenta. Pues si precisamente las religiones antiguas tenían
que morir era a causa de ser en ellas mínima la parte moral. En una religión, las pretendidas
concomitancias de los dioses con los hombres, como en muchas antiguas en que incluso se
establecían entre ellos relaciones amorosas carnales, o entre sus hijos y las hijas de los
mortales, como leemos en Génesis, VI, 2, son la hojarasca, lo legendario de ellas,
constituyendo, en cambio, su alma y lo que las hace grandes y perdurables, lo que tienen de
verdadera moral. Esto dicho, y no es ninguna novedad, volvamos a nuestro personaje.
En torno a Zarathustra como en torno a todos los fundadores de religiones se forjó al
punto una leyenda (12), de modo que ocurre con él como en todos si se exceptúa Mahoma:
que lo que podemos asegurar de él como biografía real es mínimo; como legendario, en
cambio, considerable. Dada, pues, la dificultad de separar lo cierto de lo inventado, me limitaré
a exponer lo esencial de lo que se dice a propósito de él. Se supone, en efecto, y esto parece
lógico y verdadero, que nació, no se sabe dónde, pero en alguna parte del Irán oriental, en una
comunidad agrícola muy modesta en la que la preocupación principal de sus habitantes era
escapar a las razzias de los nómadas siempre dispuestos a caer sobre tales agrupaciones para
robarles cuanto podían, muy especialmente el ganado (13). Sobre que sería un hombre,
espiritualmente hablando, muy por encima de lo corriente, como se lee en el decimosexto de
los Gathas, se puede admitir también. Pero, ¿acaso este modo de ser por encima o fuera de lo
normal, llegaba en Zarathustra, como en Mahoma, a alcanzar los límites de lo patológico, es
decir, a hacer de él un perturbado mental de tipo paranoico? Nada se ha dicho a propósito de
esto, aunque bastante, a juzgar por los «Gathas» mismos se podría decir; pero sí a propósito
de otros detalles relativos a su apostolado tales, por ejemplo, una infancia prodigiosa, el haber
sido tentado por el Malo y otras afirmaciones tan evidentemente legendarias y hechas para
ensalzar su personalidad, que no tan sólo mueven a desconfiar de ellas, sino de la veracidad
de todo lo demás. La misma ignorancia hay, como ya sabemos, respecto a la fecha de su
nacimiento y lugar en que éste pudo ocurrir. De aceptar las que se dan como más probables
(660-580), la cautividad de los judíos en Babilonia ocurrió ya comenzado su apostolado, y
terminaría una vez él ya fallecido.
Se dice también que Zarathustra pertenecía a una familia de la raza hindo-europea de las
de la rama blanca; que su padre se llamaba Purushaspa y su madre Dughdhova; y que él
había recibido el nombre de Zarathustra (Zarthust o Zardusk, como también se encuentra