El Avesta.pdf

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la entrada de la caverna, se entregó a profundas meditaciones sobre el fuego y la luz,
fenómenos naturales que tanta importancia tendrían después en el zoroastrismo; y de noche, a
la contemplación de los planetas, siendo con ello el primero de aquellos magos que tan
versados serían después en cuestiones astrológicas. También se ocupaba sin duda de cosas
más bajas y terrestres, puesto que en los antiguos textos del Avesta muéstrase a ve ees como
consejero en cuestiones agrícolas con aquellos pueblos seminómadas entre los que vivía;
comunidades agrícolas muy modestas continuamente amenazadas por las razzias de los
nómadas. Como ya he dicho, uno de los crímenes que más le indignaban era el robo y muerte
del ganado. Y hombre verdaderamente sabio, bien que el fin de su vida fuese alcanzar la
felicidad eterna, tampoco descuidaba, como sabemos por un gatha del Yasna XLVI que ya he
citado, los bienes terrenales que así mismo pedía a Ahura Mazda que le concediese.
Es decir, que profeta verdaderamente completo, más semejante a Mahoma que no paró
hasta hacerse el amo de Arabia, que al Buda que de rey que estaba destinado a ser lo
abandonó todo para convertirse en monje mendicante, Zarathustra miraba con un ojo al cielo y
con el otro hacia la Tierra. O sea, que sin olvidar que en este valle de lágrimas es consolador el
tener un buen paño para secarlas, no dejaba de proclamar que el Bien era Ahura Mazda y el
Mal Angra Mainyú. Que aquél había creado y sembrado el bien por todas partes, y que éste
trataba de ensuciar, destruir y arruinar la obra de aquél. Pero que los que le siguiesen
acabarían castigados como él mismo (16).
Antes de seguir con la supuesta vida de Zarathustra, tal vez sería oportuno hacer notar
ciertas particularidades que servirían, además, para acabar de darnos cuenta de la diferencia
existente entre lo que había pensado y escrito el profeta y lo que luego le atribuyeron los que
se decían sus seguidores. Que siempre entre lo que dijeron o pudieron decir los fundadores de
religiones y lo que ha llegado a nosotros una vez que sus discípulos añadieron por su cuenta lo
que les convino, suele haber un abismo no menor que aquel sobre el que se levantaba el
puente Tchinvat, puente que tenían que cruzar las almas de los zoroastrianos muertos, para
llegar al Paraíso de Ahura Mazda, y que cuando le cruzaban las de los pecadores se volvía tan
estrecho que fatalmente caían al mencionado abismo. Y la primera particularidad es, que en los
Gathas, el que mandaba en el abismo anterior, Angra Mainyú, no había recibido aún nombre,
éste u otro alguno, y que para Zarathustra era simplemente el Malo; y su compañera, su
hembra, Druj o la Mentira. Pero luego, con el tiempo, por un lado los teólogos que por lo visto
no disfrutaban sino inventando infundios celestiales, y por otra el pueblo que es incapaz de
creer en las Divinidades, buenas o malas, sin verlas, es decir sin dotarlas de cuerpo y nombre,
aquéllos además de bautizarle, para que comprendiesen mejor cómo era, empezaron a
asegurar que el Malo era un sapo o una serpiente, o también un caballo salvaje que un rey
primitivo había acabado por domar tras tenerle treinta años esclavizado. Por su parte Zoroastro
lo más que veía en él era una Yegua Perversa que cuando la creación había salido al paso a la
obra de Ahura Mazda cambiando todo bien de éste en mal, o poniendo, para anular cada cosa
buena, a su lado una mala contraria. Y ni que decir tiene que Ahura Mazda no tardó en tener,
gracias siempre a los magos, los seis ministros ya citados, los Amecha-Spenta, que, como
sabemos, no eran en realidad sino funciones del Dios bueno personificadas en forma de
arcángeles.
Naturalmente, para que el cuadro quedase completo, pues como luego más tarde en la
Kabala judía, el lado de abajo tuvo que ser como el lado de arriba, Angra Mainyú tuvo también
sus seis arcángeles malos, más innumerables demonios o genios infernales que completaban
su corte; como el ángel del Fuego, y el del Sol, y el de la Luna y los de las estrellas, más el del
Haoma, el de la obediencia, de la Justicia y demás, formaban la de Ahura Mazda. En la corte
del Malo entraban también los Genios de todos los vicios, de todos los defectos y de todas las
calamidades naturales empezando por el rayo; los de todos los animales dañinos, y de propina
