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la Obediencia), portadora de Tu Buena Mente. (Y por lo mismo me atrevo a pedir a tu
generosidad lo que necesito), con objeto de poder dar a conocer a los hombres los fines
verdaderamente sagrados de (tus propósitos) y de tus deseos. (Todo para que les sirva de guía
a propósito de los ritos que deben practicar.) (En cuanto a mí), concédeme también una larga
vida (bendición) que ningún osado puede arrancar de Ti por la fuerza. Y, en fin, el (don) de
conseguir ese lugar deseado que obtendré (si no me lo niegas) dentro de Tu Reino.
Sí, como el hombre versado (en Tu ley) y que tiene posesiones da a su amigo (lo que éste
le pide, así dame Tú) a mí, ¡oh Gran Creador!, tu gracia abundante y alegre cuando por medio
de Tu poder soberano y movido por (necesidades de Tu causa) y por Tu Recto Orden me
adelante para salir al encuentro y despertar a los jefes con objeto de moverlos hacia Tus
preceptos (puros), en unión de todos aquellos que, recordándolas muy bien, recitan Tu palabra
de Mathra.
Sí, de Ti aprendí, ¡oh Ahura Mazda!, cuando se acercó a mí Tu Sraosha (la Obediencia),
portadora de la gracia
de Tu Buena Mente (es decir, de Tu Poderosa Inteligencia, y me dijo): «Permíteme que
(te) enseñe y haga comprender cuál es la mente mejor (el estado de espíritu más) sosegado y
sufrido. Así como (que es preciso no permitir) que un hombre principal gane a su causa a los
malvados (como adulador que busca ayuda), mientras con (mente sosegada por la fe) Tus
santos han traído para Ti, ¡oh Ahura!, a muchos pecadores (convertidos y dispuestos a hacer
penitencia).»
Así, ¡oh Ahura Mazda!, amo yo, Zarathustra, a Tu espíritu, y todos los hombres llenos de
liberalidad oran así mismo (a mi lado). Sea, pues, la Justicia fuerte, como la vida (cuando Tú la
proteges y estimulas), y vístase e identifiqúese con ella. Y que en este Reino (santo, que es el
tuyo), brille (con esplendor) semejante al del Sol, la Piedad, que, como guardadora y
depositaría en su interior de Tu Recta Inteligencia, nos colme de bendiciones en pago a
nuestras buenas obras.
YASNA XLIV
PREGUNTAS FORMULADAS A AHURA Y ACTOS DE DEVOCIÓN POR SU GRACIA
Esto te pregunto, ¡oh Ahura!, contéstame rectamente: Cuando hay que ofrecer alabanzas,
¿cómo formularé estas alabanzas a uno como Tú, ¡oh Mazda!? Que el Ser incomparable que
eres Tú lo declare al amigo (tuyo) como yo, con objeto de ofrecernos (al hacerlo) ayuda
amistosa de acuerdo con Tu Justicia (esta Justicia que mora en nuestro interior cuando Tú lo
permites), con objeto de que el que es como Tú se acerque a nosotros por obra de Tu Benéfica
Inteligencia (que también, cuando Tú lo dispones, anida dentro de nosotros).
He aquí (ahora) lo que quiero saber, ¡oh Ahura!, respóndeme rectamente: ¿Es que basta
agradarte a Ti para que con ello podamos servir al Ser Supremo del mejor mundo (el Cielo)?
Sí, indícame el modo de servir (sirviéndote) a ese gran jefe (que eres), que puede concedernos
las (bendiciones de su gracia y) que otorga (compensaciones en reconocimiento por nuestros
servicios), pues El, liberal (como es, es decir, como eres), por medio del Recto Orden
(mantendrá alejados de todos nosotros) la ruina, guardián como es de los dos mundos, joh
Mazda (pues a Ti me dirijo), Tú todo alma y nuestro amigo!
Esto deseo (también) saber, ¡oh Ahura Mazda!, dime, pues, de verdad: ¿Quién fue el
primer padre por obra de generación, del Orden Recto (dentro del Mundo)? ¿Quién marcó al
sol y a las estrellas, que todos los días nos alumbran, su camino invariable? ¿Quién fijó las
leyes mediante las cuales crece y mengua la luna, sino Tú? Me gustaría saber, ¡oh Gran
Creador!, estas cosas y otras semejantes.
Esto te pregunto (ahora), ¡oh Mazda!, contéstame rectamente: ¿Quién sostiene la Tierra
desde abajo y quién sujeta las nubes desde arriba para que no se caigan? ¿Quién hizo las