El Avesta.pdf

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Omnisciente me declarará la verdad a propósito de su obra. Palabras que son el summum, el
Mathra del Bienestar y de la Inmortalidad (a causa de proclamar Su poder benéfico). Y con ello
para el Creador habrá un Reino (tal como decía) y en pro del cual (pido fuerza para lograr la
victoria), victoria que (al fin) florecerá llena de santidad para su gloria.
El control soberano de todo está en sus manos. De El, que concibió estas (verdades del
Mathra), que fue el primer (inspirador) y que conforme iba ideando su existencia se fueron
vistiendo con las estrellas, cual correspondía a sus primeras (concepciones) gloriosas. Así
mismo y gracias a su entendimiento, fue el Creador de todo lo recto y de todo lo ordenado.
Igualmente, El es el que con su Inteligencia Benéfica (sostiene a sus santos y a sus escogidos,
a quienes se la infunde). Dígnate, pues, hacer que así mismo prosperen estas santas criaturas
gracias a Tu Espíritu (puesto que son obra tuya), ¡oh Ahura Mazda!, Tú que eres eternamente
el Inmutable.
A causa de todo ello, la primera imagen que tuve y concebí de ti, ¡oh Ahura Mazda!, fue
como la del más digno de ser admirado espiritualmente a causa de la Creación. Como la del
Padre (y Señor) de la Poderosa Inteligencia que habita en nuestro interior. Todo ello cuando te
contemplé con los ojos (iluminados) como el verdadero hacedor de toda justicia, como el Señor
(y Dueño) de toda obra de vida.
Tuya, ¡oh Ahura!, era la Piedad; tuyos también, ¡oh creador de Kine (el ganado base de
nuestra vida)!, eran el entendimiento y el espíritu con los cuales trazaste un sendero para
guiarnos, del mismo modo que guiado por el labrador de la tierra camina el ganado (Kine) por
(el camino que éste le señala), o tal vez por otro hombre que nunca fue labrador. En todo caso,
Tu voluntad le ha dado a Kine la facultad de elegir.
Pero (no se detuvo ante la tentación). De los dos escogió al agricultor, al asiduo trabajador
del campo, como dueño santo dotado de la inteligencia que procura la Inteligencia enteramente
Superior de Mazda. Por lo que nunca (seguro es) participará de las prácticas de que se vale el
nómada ladrón. (En cuanto a la suerte de Kine, de la acertada elección dependerá.)
(Y esta doctrina fue la primera regla que sirvió para regir nuestros actos. No obstante, el
Adversario estaba allí y hablaba a tu lado.) Pues cuando al principio, ¡oh Ahura Mazda!, creaste
los pueblos y revelaste las leyes religiosas, y cuando (nos) diste entendimiento haciéndonos
partícipes de la propia inteligencia (divina), hiciste de nuestra vida corporal (una realidad
plena). Y de este modo determinaste nuestras acciones (mediante Tu poder), y para que
pudiésemos cumplirlas mejor nos entregaste unos preceptos con los que (y mediante los
cuales) pudiésemos ordenar nuestras acciones libremente.
Entonces surgió de pronto la lucha, lucha que sigue encendida. Y por ello el que (al lado
de tu profeta) alcen la voz el veraz y el mentiroso, el iluminado y el no iluminado, unos
(dispuestos a negarte), otras (a manifestar su fe) con corazón y ánimo devotos. (Pero sin que
este forcejeo sea obstáculo y sin detenerse en investigaciones superficiales, mi) Piedad
pregunta a los dos Espíritus (no como si estuviesen aquí en la Tierra), sino (allá en el mundo de
los seres incorpóreos), donde habitan (como) en su natural morada.
(Sí, mi piedad interroga a fondo), pues Tú, ¡oh Hacedor!, lo ves todo y no podemos
preguntar a la ligera. Tú ves con tus ojos rutilantes y como guardián justo, las preguntas que
hacemos, tanto las francas y claras (permitidas a nuestro pensamiento), como las furtivas (y
oscuras), que (se ocultan de la luz), y Tú (conoces todas las decisiones que tomamos, así
como conoces al hombre), que por el menor pecado se impone la penitencia más penosa, pues
para Ti no hay nada oculto.
Por consiguiente, me atreveré a preguntarte lo siguiente, ¡oh Ahura Mazda! (buscando al
hacerlo tu consejo una vez más): ¿Qué acontecimientos se acercan y qué acontecimientos
acaecerán en el futuro? ¿Qué oraciones y confesiones de ofensas parecen agradarte y qué
ventajas se obtienen con los ofrecimientos santos? ¿Cuál es la recompensa que espera a los
malvados? ¿Qué será de ellos al final de los tiempos?
Y aún osaré preguntarte esto, ¡oh Mazda! (a propósito del que ayuda a los malvados):
¿Qué recompensa corresponde al que prepara el trono para el malhechor, para el que practica
