El Avesta.pdf

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es de un tono apocalíptico extraño y rencoroso, y cuanto vale la pena de retener de él es esto:
el ardor tenaz de un místico por la causa que ha abrazado y por las ideas que le dominan;
ardor impulsado por un ciego sentimiento religioso tan lleno de pasión y de fe como de
profundo fanatismo.
El siguiente capítulo (XXXIII) está constituido por una serie de súplicas a Ahura Mazda en
demanda de ayuda y protección. No solamente le pide que de todos los estados les conceda (a
él y los que le escuchan), el mejor, más «todos los estados prósperos que los seres hayan
disfrutado en el pasado, puedan disfrutar los hombres en el presente y que se les concederán y
disfrutarán en el futuro», sino que particularmente a él y a causa de su santidad, puesto que,
como asegura, repudia «la Mala Inteligencia y toda desobediencia, arrogancia y falsedad», le
otorgue «la dicha de verte (de ver a Ahura Mazda) y de consolarme y aprender contigo». Tras
lo cual le pregunta: «¿Cuál es tu voluntad y tu opinión sobre esto?» Más adelante le dice que le
conceda «una gran fuerza» (entiéndase riqueza), y que, «como gracia especial, ¡oh Ahura!,
revélame ampliamente Tu naturaleza para que pueda ver su profundidad y grandeza, así como
el poder de tus atributos y los de Tu santo Reino». Por todo ello, Zarathustra acaba este gatha
ofreciendo a su Dios «la vida de su propio cuerpo, todo lo que pueda dar de sí su inteligencia,
eminencia alcanzada a fuerza de rectitud y de santidad, y su rendida obediencia en palabras y
obras, en prueba de que reconoce el poder soberano de Ahura Mazda».
En el gatha XXXIV, Zarathustra empieza asegurando que contra «tres benditos dones que
Ahura le ha prometido a cambio de palabras, obras y sacrificios santos, a saber: inmortalidad,
inteligencia para bien obrar en este Mundo, y mañana el Reino del Bienestar», ellos
(Zarathustra y los que le siguen), le devuelven «todos los dones que han recibido del Espíritu
Santo» a causa de ser bondadosos en pensamientos y obras y de tener el alma «de acuerdo
en todo con el modo recto de obrar». Luego (sin duda para una vez bien instruido poder llevar a
la perfección su labor de profeta), pregunta a Ahura Mazda: «¿Qué es tu Reino? ¿Cuáles son
tus tesoros y riquezas? Házmelo saber para que pueda ser todo tuyo, obre de acuerdo siempre
con el Recto Orden y pueda cuidar de tus pobres y aliviar sus sufrimientos.» Y aún: «Si eres,
como no dudo, el Orden Recto y la Perfecta Inteligencia, manifiéstame una señal de ello. Y
muéstrame también el mejor modo de acercarme a Ti gracias a mi adoración.» Y «¿Cuáles son
tus reglas? ¿Qué quieres y qué te complace? ¿Qué alabanzas y qué ofrecimientos te agradan?
Habla y dinos en qué consisten las benditas y esperadas recompensas que nos tienes
preparadas» (que en otras ocasiones Zarathustra demuestra saber muy bien, pero que sin
duda le agradaba que Mazda se las repitiese). Porque, en efecto, aquí mismo dice a
continuación: «Esta recompensa, ¡oh Mazda!, nos la ofreces como recompensa a nuestra vida
terrestre.» Es decir, por seguir el camino recto que así mismo quiere que le enseñe una vez
más: «Sí, muéstrame, ¡oh Mazda!, ese camino recto, y su recompensa, para seguirle... Y
mediante Tu poder soberano y Tu gracia, dígnate hacer que nuestra vida prospere hasta
alcanzar la perfección.»
El capítulo XLIII está lleno de aún más nobles y generosas aspiraciones. Se abre, como
ya he dicho, pidiendo salvación para todos los hombres; y a él, que Ahura le conceda por
medio de la Piedad: «celebridad, estimación y el auxilio de una inteligencia poderosa». Tras lo
cual suplica a Ahura Mazda que «se digne revelar sus maravillosos y sabios pensamientos»,
hecho lo cual le considerará, «como ser poderoso y al mismo tiempo liberal». Así como le
bendecirá cuando le llegue «la llama de Fuego de su Recto Orden y su Soberana Inteligencia».
Luego asegura que como tal (sabio, liberal y poderoso), le concibió al contemplarle, como le
contempló, «cual supremo en cuanto a la generación de la vida, puesto que estableciste para
recompensar palabras y obras el mal para los malos y la bendición de la felicidad para los
buenos». Asegura al punto con esa seguridad que para los cogidos de misticismo total es
realidad absoluta cuanto sueñan e imaginan, que cuando llegue el momento último para lo
