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personificada en la divinidad Aredvi Sura Anahita), se les rendía un culto regular, tengamos
esto, como tantas otras cosas y divinidades a las que se volvió, ajeno enteramente a
Zarathustra. Así como que el agua y el fuego, elementos de los que los parsis hacen su kebleh
o altar de adoración divina, no son, al menos para los espíritus cultos, sino los símbolos del
fuego y del agua espirituales, a los que consideran como ojos del espíritu. Es decir que lo que
adoran no son los elementos fuego y agua, sino los espíritus que en ellos suponen residir,
llamados respectivamente «Atarsh puthra Ahurahe Mazdao», es decir, «Fuego, hijo de Ahura
Mazda», y «Aredvi Sura Anahita», o sea, «Espíritu de las aguas, justo, brillante, inmaculado».
***
Y ya no me queda, para terminar, sino indicar algunas prácticas o ceremonias cívicoreligiosas, empezando por los ritos de purificación, de gran importancia, puesto que, como los
parsis dicen, «la pureza es lo que hay mejor desde el principio mismo de la vida»: Yaozdao
mashyvat aipi zahythem vahishta. Por supuesto, esta «pureza» nada tiene que ver con la
«castidad»; no se trata ahora de pureza sexual, sino de la impureza que ocasiona el que
hombres o mujeres entren en contacto con elementos naturales considerados «impuros»,
impureza que obliga a purificarse a aquellos que han contraído la mancha, no solamente
teniendo en cuenta su propio bien, sino el de los demás. Estas purificaciones como ciertas
prácticas en otras religiones (tales, por ejemplo, el ayuno), tienen en realidad carácter
puramente higiénico, bien que para que se cumpliesen más fielmente se les dio y se les sigue
dando, un tono religioso que ayude, e incluso oblige, a llevarlas a cabo. Hay cuatro categorías
de ritos purificadores: 1.°, el Padyab; 2.°, el Nahn; 3.°, el Bareshnúm, y 4.°, el Riman Si-shoe.
El padyab es la forma de purificación más simple. Consiste en abluciones con agua, como
la palabra indica literalmente (echar agua—ab—sobre—paiti—las partes descubiertas del
cuerpo), para lavar éstas. Al tiempo de hacerlo se suele decir: Khsnaothra Aburahe Mazdao, o
sea: «Hago esto para alegrar a Ahura Mazda». Un parsi debe lavarse de este modo: 1.°, al
levantarse; 2°, tras haber realizado una necesidad natural; 3.°, antes de tomar alimentos; 4.°,
antes de orar.
El nahn, el baño, es ya una forma superior de purificación que en determinados casos se
efectúa con la asistencia de un sacerdote. Comprende cuatro elementos o partes: 1.°, el
padyab-husti ordinario; 2.°, la masticación de una hoja de granado y la absorción del goméz
consagrado, u orina de toro, especie de comunión simbólica; 3.°, la recitación del patit, oración
de arrepentimiento, y 4.°, el baño final. Se suele practicar este baño-ceremonia con ocasión del
Naozot, o sea, cuando los hijos reciben la camisa y el hilo sagrados, o con motivo de una
matrimonio. Las mujeres llevan a cabo el nahn al acabar el período que sigue al parto.
El bareshnúm es la forma suprema de purificación. Antiguamente se practicaba tras haber
tenido contacto con un cadáver o cualquier otra cosa que manchase profundamente. Si se
trataba de un muerto fallecido a causa de una enfermedad infecciosa, la purificación
acompañada de aislamiento, duraba nueve días. Hoy sólo los sacerdotes y los iniciados
cumplen el bareshnúm. Es obligatoria para aquellos que desean hacerse iniciar en el
sacerdocio. Y una vez sacerdotes, antes de llevar a cabo un rito importante.
El si-shoe lo practican actualmente aquellos que han sido manchados por el contacto con
cadáveres. Consiste en una ablución repetida treinta veces. Son necesarios dos ayudantes;
uno de ellos puede ser un sacerdote. El procedimiento es semejante al nahn: tras desnudarse y
recitar el mencionado: «Hago esto por alegrar a Ahura Mazda» colocando su mano derecha
sobre la cabeza, pues rezar con la cabeza descubierta está prohibido, el sacerdote, desde
fuera de la sala donde tiene lugar el baño, le tiende una cuchara sujeta a la extremidad de un
