El Avesta.pdf

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de obrar bien y de ayudar a los demás, por la noche convenía, como aconsejaría luego
Pitágoras, hacer examen de conciencia repasando en la memoria lo ejecutado durante el día
preguntándose: «¿Cuántas buenas acciones he realizado hoy? ¿Cuantas soy capaz de
cumplir? ¿Cuántas malas acciones he cometido? ¿Cómo puedo abstenerme de pecar?»
Todo lo anterior, rectitud, justicia, castidad, beneficencia e incluso la piedad y la caridad
están enfocadas en la religión zoroastriana en un sentido que tiene más de puramente social
que de religioso. Ahura Mazda quiere que los que le siguen sean así, puesto que él mismo al
solicitar el auxilio de los hombres para luchar contra el mal que llena la Tierra, mira más a ésta
y a los hombres que en ella viven que a él y al Cielo. Pero además, esta religión esencialmente
práctica, insiste particularmente sobre la laboriosidad, la iniciativa individual, la agricultura, la
ganadería y la dignidad del trabajo. Es decir, que del mismo modo que era un axioma del
zoroastrismo el «vale más un buena acción que diez mil oraciones», era otro «no hay oración
comparable al trabajo honrado.» O sea, que lo que en todas partes ha tenido que hacer el buen
sentido luchando con fanatismos indefendibles, ociosidades orantes y parasitismos disfrazados
o disimulados bajo una equivocada capa de santidad, todo esto quedó evitado en el
zoroastrismo haciendo comprender que no había piedad ni manifestación religiosa con
verdadero valor, distinto del trabajo y de estimularse uno a sí mismo a ser hombre y a ganar
con el sudor de su frente lo que luego se llevaría a la boca. Oigamos a los textos:
«Ayudándose a sí mismo se adquiere la independencia (económica)» (Yasna, IX, 25). «Yo
expulsaré la pereza que nos adelgaza. Yo expulsaré la pereza de largas manos» (Vendidad, XI,
9). «Levantaos, ¡oh hombres!, y que el hecho de hacerlo con el alba sea la mejor alabanza a
esa pureza incomparable que expulsa a los daevas. Pues de otro modo, la pereza con sus
largas manos, que duerme al mundo material todo entero, volverá a precipitarse sobre vosotros
apenas el día haya aparecido y cuando a lo lejos los humanos empiecen ya a levantarse. ¡Oh
hombres!, no conviene que durmáis mucho tiempo» (Vendidad, XVIII, 16). «Dos cosas son
particularmente gratas a Ahura Mazda: Que penséis en él levantándoos al despuntar el día, y
que luego le olvidéis ocupados en ganar para vosotros y los vuestros» (Ashirwad). «Que
vuestro propio trabajo regular asegure vuestra existencia» (Yasna, XIII, 13). «Ningún daño al
hombre honrado e industrioso, que vive entre los malos» (Yasna, 19, 6). «Jamás, ¡oh Mazda!,
el perezoso embustero tiene parte en la buena creencia» (Yasna, 31, 16). «Creador del mundo
material, ¡oh Justo! ¿Cuál es el medio de apoyar la religión Mazda-Iraniana?» He aquí lo que
respondió Ahura Mazda: «El cultivo incesante del trigo, ¡oh santo Zarathustra! Todo el que
cultiva el trigo cultiva la rectitud, hace avanzar la religión de Mazda-Yasnan cien pasos, la da de
mamar en mil tetas y la refuerza con diez mil ofrendas.» Y en el Vendidad, probando que los
verdaderos demonios eran los del hambre y de la sed y que el mejor medio de combatirlos era
trabajando los campos, pues la agricultura era entonces la única industria importante, dice:
«Cuando el trigo crece, los demonios son cogidos por el espanto; cuando los gérmenes
se han abierto, los demonios tosen; cuando se ven los tallos, los demonios vierten torrentes de
lágrimas; en la casa en que los granos son movidos y trabajados, los demonios caen
derribados por el suelo.»
El ganado que sobre completar la nutrición del hombre le ayudaba en su trabajo constituía
otra parte útil, sana, acertada, de la religión: «Alabanza a la vaca, buenas palabras en su
honor, victoria para la vaca, ¡alimento y pasto para ella! Trabajemos para las vacas, pues ellas
nos procuran ¡nuestro alimento! (Yasna, XX). Una de las virtudes especialmente inculcadas por
el profeta del Irán era las atenciones con el gospend, es decir, con los animales caseros
inofensivos y útiles tales que vacas, cabras, ovejas, y perros: «¡Podamos estar unidos en
espíritu con el Bahman Ameshaspend, el gran favorecedor! Pues es él el que extiende la paz
en medio de la creación buena. Los animales de 'todas clases están, en este Mundo, bajo su
